Ángel Gómez Giraldo
El reloj de la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza se paró a las 2:36 minutos de la tarde. Y parece decir: “Para que ando si los relojes de las iglesias del mundo no tienen esa preocupación”.
Las que andan y caminan como locas son las prostitutas allá abajo en plena plaza por el costado de la calle 20, paradójicamente frente a la casa donde habitan todas las vírgenes y los santos. Lo hacen con una semidesnudez erótica.
Yo ahí mismo camuflado de monje cartujo. La hora no es la que marca el reloj, ese ojo de vaca de la torre principal de la catedral. La hora es la del sol que ha desayunado con nubes blancas.
Lanzo la mirada sobre una mujer de apenas 20 boleros. La observo y veo que se vistió para quedar desnuda.
Así su geografía física muestra que es tierra fértil para cualquier producto agropecuario. Es vigorosa, rolliza y los pechos parecen bombas infladas con helio.
No es muy alta pero para qué si eso es lo de menos en una trabajadora social de lavar y planchar en la calle.
Sin embargo usa zapatos de tacones altos que al igual que los travestis, los adoran.
No sé como se llama esta mujer pero debe tener el nombre de María por alguna parte. Los padres de familia se lo ubican a las hijas al nacer tal vez como estrategia para protegerles la virginidad.
Bueno, María o como quiera que se llame no se distrae en su paseíllo y le cae como fiera del bosque a la presa: un hombre con cierta nobleza física y poder económico pero ya desmigajándose, arrastrando los pies y carente hasta de los jugos previos.
Se le acerca en actitud de pantera y lo obliga a detenerse. Los sigo a punta de ojo, y ella le pone por delante todo lo que tiene al de la tercera edad.
Lo invita a lo que el hombre ya no puede y él en compensación saca unas monedas del bolsillo y se las entrega a la tragamonedas.
Recibe las monedas comprendiendo que la situación económica del país es tan difícil que hasta la prostitución se ha devaluado y aunque sea apenas una moneda sirve. La piden hasta las más morigeradas y mojigatas.
Nerviosa
María quedó nerviosa y frustrada al fracasar en la caza.
Levanta la mirada, y peor la frustración, vio que el reloj no le daba ni la hora.
Con una tristeza de cocodrilo hambriento compra un cigarrillo, lo enciende y recuesta su trasero en forma de manzana chilena sobre el tronco de un palo de mango, cruza los pies y su mirada vuelve y juega en busca de otra oportunidad para atrapar macho o mamarracho y almorzar aunque sea en un corrientazo.
Pero no solo María tira las redes en este mar seco que es la Plaza de Bolívar.
Otras más lo hacen, entre las que se encuentran migrantes venezolanas que están trabajando también por monedas.
Para equilibrio de género, abundan hombres jóvenes, prostitutos. Y en esta misma canasta del rebusque sacan la cabeza y sonríen “chamos” venezolanos.
Se estima que diariamente llegan a la Plaza de Bolívar, el parque La Libertad, el Lago Uribe Uribe y el Parque Olaya Herrera, 30 prostitutas.
Un venezolano que vende en la calle empanadas elaboradas con la culinaria de su país, me reveló que “cada uno de nosotros al llegar a Pereira se sorprende al ver al General Libertador practicando equitación totalmente desnudo”.
Ahora, otro dato como para asustar gatos en celo. Este se refiere al hecho de que en Colombia existen más de 50 mil prostitutas y que la mitad son menores de edad.
Pero son más, pues no se habla de las prepagos, tinieblas y diablas que ejercen en la oscuridad y en el subterráneo de la casa.
“Nos jodimos porque quedamos en el mismo nivel de los mendigos, pidiendo moneditas”, espetó una culipronta que no podía con él, vía al parque La Libertad.
Trabadas
Pero miren lo que se ha descubierto, que es tan difícil para una mujer fácil, irse con un hombre sin buen olor ni buen sabor, o peor aún, con un tullido que se traba con marihuana antes de hacerlo.
¡Tanto desorden social y tanto deterioro humano! Y pensar que el pasado miércoles 7 de agosto aquí mismo, en esta plaza de Bolívar, el Padre Eterno, a través de Gloría López, esa orquídea florecida del primer piso de la Alcaldía de Pereira, con sus compañeras católicas del grupo de oración, le dieron comida a más de mil habitantes de la calle y los llenaron de ternura abrazándolos públicamente.
Padre Nuestro que estás en el Cielo, esfuérzate y aleja de las plazas de la Trasnochadora y Morena, la prostitución infantil y proxenetas que son un problema de salud en Pereira.
Además si un padre de familia quiere prostituir a una hija o a un hijo, menores de edad o jóvenes, no es sino que lo envíe a comercializar cualquier chuchería a una de las plazas o parques de la capital de Risaralda.
Jóvenes o niños que llegan a vender tinto, los mayores terminan llevándolos al travestismo y a la transexualidad. Los despiertan antes de tiempo. Frutas biches que se pudren antes de madurar.
Para el rebusque
Plazas para el rebusque, otro oficio que en Colombia ha surgido por el desempleo de los jóvenes y la falta de oportunidades para estudiar.
Y pensar que todo se hace en la plaza teniendo al Creador, a Bolívar, al Alcalde y al CAI de la Policía tan cerca.
Y si no sabían, aquí mismo viven, permanecen algunos hombres que parecen sus propietarios. Están en el día y durante buena parte de la noche como enamorados del Bolívar. A la hora de salir le pregunté a uno de estos: ¿Qué se consigue en la Plaza de Bolívar de Pereira? Y fue patético con la respuesta: “De todo”.




Que tristeza que trates de las mujeres así primero mira bien por que lo hacen y sabes me indigno eso porque no tienes ni idea por lo que tiene que pasar te has preguntado si tienen hijos familia que mantener y que no tienen ninguna otra ayuda y que la única solución fue esa que triste de verdad si soy una prostituta del parque de Bolibar y si lo hago solo por mi familia y me tienes indignada por ese comentario de tan mal gusto