Lustrabotas de pereira, 75 años. Corazón, aguanta

Ángel Gómez Giraldo

¡Ahí donde la ven!   Sin querer ya  entrando a los 60 años de edad que es tiempo para despedir la juventud.

Ninguna de las personas de su entorno en la infancia y la juventud pueden olvidar que fue la muchacha más bella del Valle del Cauca.

Los hombres al verla abrían la boca cual cocodrilo hambriento para gritarle: ¡Azúcar!

Era dulce la joven María. Como  los cultivos de caña. Ensortijada como la piña.

Ojos oscuros. Miradas  saltando desde el trapecio.

¡Ay María!  Cholao  que desafiaba el sol del extenso valle.

Tierna mujer que enamoraba hasta a los falsos varones.

No era para menos, pues había nacido en Yumbo, columna del sol de Cali.

Sin embargo no alcanzaba a escuchar los cumplidos de sus espontáneos galanes.

Fue que nació con una alteración del lenguaje por déficit auditivo. Lo supe al consultar  en Audiosalud de la clínica Los Rosales de Pereira.

Caminando

Al abrirse el año de 1976, el padre de María Amparo, quien aún hoy vive, se vio en sueños cultivando café en la región del Antiguo Caldas, y pocos días después le dijo a su esposa Inés: “Si no nos vamos ya, no llegamos a ningún Pereira”.

Así pues que la familia echó a caminar hacia  la Trasnochadora y Morena.

Mas en el camino que los trajo hasta Llano Grande en Pereira  pasaron penas y alegrías.

Inés, la madre de María, dijo que se quería morir antes de enfermarse, y dicho y hecho, se fue  quedando muerta porque el anuncio lo hizo al momento de sufrir un ataque al corazón.

La alegría fue que María Amparo, mujer con dificultad para comunicarse con otra persona, tuvo una hija.

Cuando la alegría de una nueva vida mitigó la pérdida de la madre, se fueron de ronda a la fuente del Lago Uribe Uribe de Pereira y aprovecharon para un baño de nuevas ilusiones.

El presente

Hoy lunes 5 de agosto del 2019,  de una tarde en que el sol alborota los piscos y  hace cacarear a las gallinas, encuentro a María Amparo Sánchez, la hija de Yumbo (Valle del Cauca)  “estacionada” en todo el centro de la capital de Risaralda.

Sorprendente, sigue siendo dulce a pesar de ser caña añeja.

Se conserva como el manjar blanco. El color de su piel es el mismo canela de la especias.

Sus ojos saltan  de aquí a allá y de allá a aquí como cuando eran los de una muchacha.

Acostumbrada a exhibir su sonrisa perlada lo hace hoy como lo hacía ayer. Cabellos negros, así sean teñidos, la muestran como una diva y la llenan de optimismo.

Me le acerco con la ayuda de su hermano  José Fredy  que con el lenguaje de señas nos presta el servicio de intérprete y traductor.

De esta manera me entero que el corazón de María Amparo es valiente y ha aguantado de todo: su incapacidad para escuchar y expresarse correctamente, que aguantó la muerte de la mamá sobre el  camino de Yumbo a Pereira, la  desaparición forzada de su hija aquí en esta misma ciudad en el año de 1990.

“Pero fíjese señor periodista que la sigo viendo por toda la casa después de tantos años”, me cuenta muy convencida.

“Lo que el corazón desea de verdad, la mente termina mostrándolo”. Es cierto.

Desapariciones

Esta última revelación de María Amparo me produce escalofrío, y peor, hasta dolor en los huesos cuando me entero que  desde el año de 1958 hasta  el 2017 en Colombia  se registraron  82.998 personas por desapariciones forzadas.

La divulgación la hizo  el Observatorio de Memoria y Conflicto publicado el año anterior  por  el Centro Nacional  de Memoria Histórica.

¡Qué rabia! Equivalente al hundimiento de una ciudad con un poco más que  la población de   Santa Rosa de Cabal, que oficialmente cuenta  con 71 mil habitantes.

Pero no les he dicho qué hace María Amparo para sobrevivir dignamente  a los 57 años de edad.

Lustra los zapatos de los caballeros en la Plaza de Bolívar de Pereira.

“No habiendo más qué hacer, me dediqué a esto”.

Y ahí está haciendo lo que no se puede hacer de pie: lustrar el calzado ajeno en el puesto que le corresponde, ubicado en la plaza mayor  por la carrera 7a, frente al Hotel Soratama. Hace parte del Sindicato de Lustrabotas de Pereira.

Con la caja, el betún, el varsol,  los paños y otros elementos, se gana la vida sentada y sin hablar. Puro  lenguaje de señas.

Se da el lujo de una jornada laboral de 9:00 de la mañana a  5:00 de la tarde. Lo demás es guayaba para bocadillo.

Este sindicato se constituyó hace ya 75 años y no fue en vano porque todos sus afiliados posen Sisbén y casa, aunque  modesta.

Esto me lo hizo saber la presidenta del sindicato, granito de oro de apenas 51 abriles llamada muy rotundamente  Raquel Serrano.

En cuanto a la lustrabotas, doña María Amparo Sánchez es de tal personalidad y tan berraca para  afrontar las vicisitudes de la vida que de haber  vivido la Batalla de Boyacá que selló nuestra independencia de España, hubiera acompañado al mancebo que se las daba de fresa criolla , un tal Pedro  Pascasio Martínez a dar captura al  General Barreiro, comandante de las tropas realistas.

Otra cosa es que María Amparo Sánchez participó el pasado 20 de julio, día patrio, en la fiesta de integración programada por el Sindicato de Lustrabotas para celebrar los 75 años de creado… y cuentan que tampoco habló pero bailó. 

Corazón valiente de mujer que la hace personaje de la edición dominical de El Diario.

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