El molino como herramienta de la cocina tradicional y la arepa sobre el reverbero.
Ángel Gómez Giraldo
¡Tan feíto que es! La cabeza es una tolfa y el resto del cuerpo es esquelético. Solo posee una mano llamada manubrio y como las bestias, tiene cabestro que asegura la pieza que al girar tritura el grano.
Tiene una mera pata. Parece ser la “patasola”, con una base atornillada que lo asegura sobre cualquier superficie plana y fina de la cocina.
Sin embargo no tiene nada que ver con leyenda alguna porque se trata del molino que hasta hace una cuantas décadas molía en todos los hogares el dorado maíz que una vez convertido en masa permitía formar las arepas para alimento diario de toda la familia.
Hoy por hoy pocas lo utilizan porque las arepas ya no se arman en la casa sino que se compran hechas.
Es necesario aclarar que el molino fue afectado durante muchos años por una enfermedad que las feministas actuales han tratado de extirpar de la misma manera que el urólogo lo hace con la próstata del hombre, llamada machismo.
No se permitía que llegaran hasta el molino los hombres porque la cocina era de las mujeres. Varón que entrara a la cocina quedaba en riesgo de ser considerado marica.
Al grano
Entonces eran siempre las mujeres de la casa las que a primera hora del día molían el maíz para así tener arepa en abundancia.
Con esta herramienta de la culinaria criolla y doméstica molían otras cosas: pensamientos, deseos, pasiones y la vida misma en un duro trabajo más propio para los varones.
Mujeres que molían el destino que les traería un esposo para no morir solteras.
Molino infame, tormento de las manos delicadas de damas de abanico y manto.
Mujeres de todo “el maiz”, gracias a esos granos de oro propios de una Latinoamérica mestiza.
Amarillo y blanco, colores con los que llegaron a todos los hogares colombianos para decir con la escritora Tina Alarcón, que no venimos de la cigüeña sino del maíz.
Todo un buen alimento ya que su estructura es de pericarpio con componente de fibra cruda, endoesperma, el ingrediente más importante ya que posee almidón, proteínas y gluten, y germen que se encuentra en el corazón del grano.
La arepa
Amigos, y no perdamos tiempo ni proteínas buscando el origen de la arepa…. que si es colombiana, que si es venezolana…
Sepan que los expertos de la cocina criolla se sostienen en la afirmación de que es Latinoamericana.
En cuanto a la arepa colombiana su sabor y gusto dependen del maridaje o acompañamiento que lleva en cada región del país.
La arepa paisa con sal. La arepa boyacense con azúcar.La del Pacífico con canela. La santandereana con chicharrón. La arepa de la Costa Atlántica con huevo. La de Cali con queso y mantequilla. La majaja del Pacífico con canela.
Algunas personas sostienen con cierta gracia que a la población antioqueña y del Eje Cafetero el consumo exagerado del llamado pan suramericano se les ve en la cara de arepa que muestran.
Por suerte, no tanto para el molino que pasó a un oficio de categoría industrial, como para nosotros, la arepa se niega a desaparecer permaneciendo en el campo como en la ciudad, y se ve hasta en el cuello de una personalidad, a manera de collar, condecorada con este símbolo de la cocina antioqueña.
Lo más curioso es que en la arepa sí hay equidad de género. En las ventas de algunas calles del centro de la ciudad y en los barrios, hombres y mujeres hacen el oficio de producirlas y entregarlas para el consumo.
Producto de tan buena demanda que de un bulto de maíz amarillo o blanco trillado salen setecientas u ochocientas arepas.
Sube el maíz
Se asan las arepas en reverbero público, y si se queman en el ardor de las brasas, es porque saben que de acuerdo con cifras de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosa (Fenalce), el año pasado las importaciones de maíz presentaron un aumento del 9,7 por ciento, al pasar de 4,64 millones a 5,10 millones de toneladas, convirtiendo a Colombia en el cuarto país de Suramérica que más importa este cereal.
Y pensar que “Ramoncito”, hijo de un patricio de la antigua Pereira a quien el cuerpo y el cerebro le habían crecido poco, dizque tenía la costumbre de levantarse a las 5:00 de la mañana, cuando ninguno de la familia lo había hecho, a moler el maíz para las arepas… empeloto.
Ese sí que le ponía pasión al oficio. Y mejor, molía como Dios lo trajo al mundo.
El molino tradicional que ha molido maíz, pasiones y hasta la vida misma en los hogares colombianos
La arepa, ni venezolana ni colombiana: latinoamericana



