Cada 21 de febrero, el mundo se une en una iniciativa liderada por organizaciones internacionales para celebrar el Día Internacional para la Protección de los Osos. Esta fecha busca visibilizar la importancia de las ocho especies de osos que habitan el planeta, las cuales cumplen roles fundamentales como especies sombrilla para la biodiversidad. Entre estas especies se encuentran el panda gigante, el oso malayo, el oso pardo, el oso perezoso, el oso negro asiático, el oso polar, el oso negro americano y, el protagonista de los Andes, el oso andino.
El único oso de Sudamérica
El oso andino (Tremarctos ornatus), también conocido popularmente como oso de anteojos, es la única especie de oso que habita en Sudamérica y es un tesoro nacional para Colombia. Su presencia se extiende por la cordillera de los Andes, desde Venezuela y Colombia hasta Bolivia y el norte de Argentina, habitando en un rango altitudinal que va desde los 200 hasta los 4.750 metros sobre el nivel del mar.
Físicamente, este mamífero se caracteriza por un pelaje negro con manchas claras en el rostro, cuello y pecho, las cuales son únicas para cada individuo, funcionando como una huella dactilar. Existe un marcado dimorfismo sexual: mientras los machos adultos pueden medir hasta 2,22 metros de alto y pesar cerca de 175 kg, las hembras son más pequeñas, alcanzando un máximo de 1,70 metros y unos 60 kg. A diferencia de otros parientes como el oso negro americano, el oso andino no hiberna.
El ‘Jardinero de los bosques’
La importancia del oso andino va mucho más allá de su carisma. Es considerado un ‘jardinero’ natural debido a que altera positivamente la estructura de los bosques andinos y páramos. Al construir sus ‘camaretas’ o nidos para dormir, rompe ramas y abre claros de luz en el dosel, permitiendo que las plántulas del suelo reciban sol y se renueve el bosque.
Además, es un dispersor de semillas excepcional. Al recorrer grandes distancias y consumir una dieta basada principalmente en plantas, puyas, bromelias y frutos dulces, transporta semillas que luego germinan a través de sus heces, facilitando la regeneración de los ecosistemas. Aunque su dieta es mayoritariamente herbívora, también puede actuar como carroñero y, ocasionalmente, cazar animales pequeños o ganado, cumpliendo un rol de control en la naturaleza.
Amenazas
A pesar de su majestuosidad, el oso andino ha sido catalogado como especie vulnerable a la extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Ministerio de Ambiente de Colombia. De hecho, seis de las ocho especies de osos del mundo enfrentan algún grado de amenaza.
Las principales presiones para el oso colombiano incluyen:
- Expansión de la frontera agrícola: El límite entre las actividades humanas y las áreas de conservación se ha desdibujado, reduciendo el espacio vital del oso.
- Cacería ilegal: Se presentan conflictos con comunidades locales que los cazan para evitar daños en cultivos o ganado, o para comercializar su grasa, piel y garras.
- Pérdida de hábitat: La fragmentación de los bosques de niebla y páramos pone en riesgo la conectividad de sus poblaciones.
Esfuerzos por la conservación
En Colombia, diversas instituciones trabajan para asegurar el futuro de este mamífero. La Universidad Distrital Francisco José de Caldas, a través de sus facultades de Biología e Ingeniería Ambiental, ha desarrollado propuestas técnicas para la actualización de planes de manejo en jurisdicciones clave como la CAR Cundinamarca y el Parque Nacional Natural Chingaza.
Por su parte, organizaciones como WWF Colombia promueven programas de adopción simbólica, cuyos fondos se destinan a investigar la distribución y el número de ejemplares en el país, buscando reducir los conflictos con los humanos. El Instituto Humboldt también juega un papel científico crucial, contando con investigadores especializados que monitorean a este “hermano mayor y sabio del bosque”.
En Risaralda
Risaralda también es hogar del oso de anteojos. Cámaras trampa han registrado ejemplares en los parques naturales que tienen área en el departamento como el Parque Nacional Natural Tatamá que incluye municipios como Apía, Santuario, La Celia y Pueblo Rico. De igual forma el Parque Nacional Natural Los Nevados que tiene jurisdicción en Risaralda en los municipios de Pereira y Santa Rosa de Cabal.
Otros corredores del oso, dentro y alrededor de Risaralda son el DRMI Cuchilla del San Juan: tanto Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt como WCS Colombia describen que allí se encuentran especies “carismáticas” como el oso andino y resaltan su valor para la conectividad; WCS señala que el DRMI ampliado abarca 29.652 ha y se ubica en Apía, Belén de Umbría, Pueblo Rico y Mistrató, siendo clave para la conectividad funcional hacia Tatamá (y hacia complejos del suroeste antioqueño).
Complementariamente, WCS Colombia reporta que, mediante el programa Conservamos la Vida (con participación de Fundación Grupo Argos y Parques Nacionales Naturales de Colombia), se logró la apertura de un corredor biológico con 2.000 hectáreas de conservación para facilitar movilidad con menos amenazas entre departamentos (incluyendo Risaralda).



