Angel Gómez Giraldo
“El amor es un parche de besos en una esquina de los barrios populares de Medellín. Ven./ acércate parcera./ Saltemos juntos”.
Así con frases de salto y de asalto que tienen el aroma urbano, me respondió este muchacho pereirano de presencia de espiga dorada, símbolo del reguetón, al interrogarlo sobre el amor pensando que como es tan joven no tenía nada que decir.
Conociendo yo como conozco a su señora madre, Karolina Flórez Rendón, comprendo el por qué se le dice a este cantante local, “Espiga dorada”.Tiene ella la belleza del color amarillo del oro.
Y Samuel no es para nada piercing puesto que su personalidad es de frak. No nació para eso, pero interpreta a las mil maravillas el reguetón, género musical sobrado en mensajes subliminales.
Y le salió este género musical bien lavado y volando muy alto, por encima del mar porque en el Estado Asociado de Puerto Rico es un éxito como tema musical su canción “Fantasía Sexual”. Fantasía, término que a mí me huele a carne asada en el reverbero de la imaginación.
Primeros pasos
Nació este hijo de Karolina Flórez Rendón y de Duván Alexander Narváez Casas, en la ciudad que se despierta con café y bambuco, el día 28 de marzo del año 1997 para ser arrullado con “Pies descalzos”, canción de la barranquillera Shakira que cuando eso se escuchaba en toda Colombia.
Por esta misma fecha del nacimiento de Samuel también estuvo fino y pisó duro en las pistas internacionales de patinaje otro joven colombiano ganando 8 medallas de oro, 2 de plata y 4 de bronce.
La abuela de Samuel, Nubia Rendón Rodríguez, fue la primera persona que le habló de la música diciéndolo que “es el reflejo de la vida”.
La misma que salió a decirme al saber que su nieto iba a ser entrevistado en este diario, que desde que nació supo que le iba a gustar la música porque durante la primera etapa de la infancia se lo pasó besando una guitarra que era solo su juguete, y ésta le correspondía dejando escuchar un sonido que no podía emitir porque carecía de cuerdas.
Mientras tanto otros integrantes de esta misma familia sostienen que era un niño con un comportamiento tan serio que se le salía el “padre” o el adulto cuando sus primitos, un poco mayores, se ponían la casa de ruana, rechazando sus pilatunas y reprendiéndolos.
Sonreía el niño tan poco que llegó el momento en que le prohibieron beber limonada y rechazar los jugos cítricos por el temor de que terminara siendo un adulto huraño.
Más no. No iba a ser una persona ácida y mucho menos tóxica.
Ni siquiera como uno de esos parceros que uno se encuentra en la calle ahorcados en sus collarines cervicales.
Es sabido que a los 9 años de edad ya buscaba palabras con el mejor ritmo tratando de versificar y escribir canciones. ¡Oh Dios! Veía videos musicales, los interpretaba y se imaginaba concediendo entrevistas a periodistas de la farándula nacional. Imitando de la mejor manera al cantante Juanes, desconcertaba a las personas mayores.
Colegial
A su llegada a la Institución Educativa Nuestra Señora de Fátima hizo entrada triunfal de la mano de las emisoras de programación musical dizque para que la letra no entrara con sangre sino a toda música. Las invitaba a transmitir desde su colegio. En grado 11 ya transpiraba música viéndose obligado a ofrecer conciertos blancos ante la presencia de monjas rezanderas.
Cómo serían las actuaciones de brillantes que hoy en día se rumora que hasta la señora Rosa Leiva de Camacho, nombre con que se conoció inicialmente aquel establecimiento de enseñanza media, hacía sus apariciones fantasmales para aplaudir las presentaciones de Samuel.
Y cuando en el centro educativo no había música, él entraba con esa seriedad de boca cerrada intentando apenas una sonrisa.
Fue así como la adolescencia lo pilló con el corazón cual fruta madura porque cumplido los 17 años, temprano aún, era un “muchachito” que le sonaba el éxito cantando.
“Muchas de sus fans especulan que cuando canta en el escenario, por improvisado que sea, se ven volar a su alrededor mariposas azules, y sinsontes. Puede ser porque los sinsontes son aves de gran facilidad para intentar sonidos”.
Actualidad
En la actualidad el joven Samuel Narváez Flórez alterna la música y el canto con la Universidad del Área Andina donde estudia comunicación audiovisual.
“Le cuento Ángel que he terminado decidiéndome por el género musical denominado reguetón”, subraya con esa seguridad que caracteriza su recia personalidad.
Hace apenas unos días la Fundación Universitaria del Área Andina de Pereira donde hace estudios superiores le rindió homenaje e hizo reconocimiento público a su talento innato por la música y por figurar como uno los pocos cantautores jóvenes que tiene la capital de Risaralda.
¿Samuel, qué es lo más bonito de la música?
La verdadera belleza de la música está en escucharla, según The Rolling Stones.
Bueno, y el género musical llamado reguetón es un ritmo que golpea en el piso y salta…
Sí, fue que el reguetón brotó como manantial del reggae jamaiquino. Luego intérpretes puertorriqueños combinaron el reggae con el rap español y otros ritmos latinos para quedar en los bolsillos de los pantalones sueltos de los amantes del género musical llamado reguetón, preferido por los jóvenes. Además es adictivo como la papa frita, entre más se consume más gusta.
¿Sus instrumentos musicales, Samuel?
La guitarra por supuesto y el teclado, me quitan el sueño.
¿Un compromiso sentimental?
Mi compromiso solo es con la música.
Gracias al éxito que ha tenido como cantautor, Samuel Narvéz Flórez le ha puesto un sobretodo a su nombre de pila porque ahora se le conoce como “The Samu”… así, en inglés.
Para terminar, saca del bolsillo de la camisa blanca un proyecto musical que tenía guardado: “Es un disco con un tema para darle golpecitos al corazón enamorado y cuyo nombre es “Tú sin mí”, una mezcla de trap americano y esencia latina. Está que sale al mercado para que se oiga”.
Puro golpe reguetonero. ¡Ay Dios!



