Cada 2 de febrero, el mundo conmemora el Día Mundial de los Humedales, una jornada que en 2026 estará dedicada a resaltar el valor de los conocimientos tradicionales en la conservación de estos ecosistemas. En Risaralda, la celebración adquiere un significado particular por la diversidad de humedales presentes en su territorio y por su papel clave en la provisión de agua, la biodiversidad y la gestión del riesgo climático.
El lema de 2026, ‘Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural’, impulsado en el marco del Convenio de Ramsar, subraya que la protección de estos ecosistemas no depende únicamente de políticas ambientales contemporáneas. También se sustenta en saberes ancestrales desarrollados por pueblos indígenas y comunidades locales, que han permitido un uso sostenible del agua, la pesca artesanal, la agricultura adaptada a inundaciones y el manejo responsable de la vegetación acuática.
A nivel global, los humedales —como marismas, manglares, turberas y lagunas— cumplen funciones esenciales frente al cambio climático: almacenan grandes cantidades de carbono, regulan el ciclo hídrico y actúan como barreras naturales ante inundaciones y tormentas. Sin embargo, más del 35 % de estos ecosistemas se ha perdido desde 1970, una tendencia que también amenaza la continuidad de culturas, lenguas y prácticas tradicionales ligadas a ellos.
En el contexto regional, Risaralda alberga humedales de alta montaña, urbanos y de tierras bajas. En la Cordillera Central, dentro del Parque Nacional Natural Los Nevados, se encuentra el complejo de humedales de la Laguna del Otún, sitio Ramsar localizado en jurisdicción de Pereira y Santa Rosa de Cabal. Este sistema de lagunas altoandinas, pantanos y turberas, interconectado por glaciares y vegetación de páramo, es reconocido como un reservorio hídrico clave para el abastecimiento de agua de Pereira y como un espacio de alta biodiversidad, con decenas de especies de aves y otras formas de vida asociadas.
En el área metropolitana Pereira–Dosquebradas se destacan humedales urbanos y periurbanos como el complejo Lagos de La Pradera, ubicado entre las microcuencas Minas y Chisperos. Este humedal palustre está conformado por ocho cuerpos de agua conectados y alberga flora acuática como lotos, buchón de agua, sombrerillos, paja de agua y juncos, además de aves como el pisingo, la garza real y la polla azul, junto con especies migratorias. En Dosquebradas también se encuentra el humedal La Macarena, objeto de estudios técnicos y académicos debido a los conflictos generados por la expansión urbana.
En las tierras bajas del valle del río Cauca, el humedal conocido como La Madre Vieja, en el municipio de La Virginia, representa un ejemplo de humedal de planicie aluvial o “madrevieja”, asociado a antiguos cauces y zonas inundables. En este sector, las autoridades ambientales han documentado acciones de recuperación y limpieza orientadas a la reducción de basuras y escombros, así como a la gestión del riesgo de inundación en una zona marcada por la confluencia de ríos y la variabilidad climática.
Los humedales de Risaralda presentan distintos tipos, desde lagunas de páramo y turberas de alta montaña, que almacenan agua y materia orgánica, hasta humedales palustres, madreviejas y sistemas artificiales o altamente intervenidos. Esta diversidad los convierte en piezas clave para la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y el bienestar de las comunidades.
Amenazas
No obstante, estos ecosistemas enfrentan amenazas recurrentes. En áreas urbanas como Lagos de La Pradera, la presión por la construcción, la sedimentación asociada a obras civiles y la acumulación de lodos afectan su sostenibilidad. En La Madre Vieja, las basuras y los vertimientos han sido un problema persistente. En la alta montaña del complejo de Otún se suman riesgos como incendios, especies invasoras, turismo no controlado, ganadería y los efectos del cambio climático, que incrementan la fragilidad de los sistemas hídricos.
Compromiso
La conmemoración invita a gobiernos, científicos y ciudadanía a reconocer que proteger estos ecosistemas, implica también salvaguardar la memoria colectiva y los saberes que han demostrado ser eficaces para cuidar la naturaleza. En Risaralda, el mensaje es claro: la conservación de los humedales es una estrategia ambiental, social y cultural que resulta fundamental para la resiliencia del territorio frente a los desafíos climáticos y ambientales actuales.



