Todo comenzó con Luna, una labradora que llegó a Kawan Pet después de ser rescatada. Temerosa y desconfiada, apenas levantaba la mirada. Pero bajo el entrenamiento paciente de Juan Sebastián Montoya, su historia cambió. A través de ejercicios de moldeado y refuerzos positivos, Luna aprendió a reconocer sonidos, entregar objetos y, sobre todo, a confiar de nuevo.
Meses después, fue asignada como perra de asistencia para una niña con autismo. Hoy, Luna no solo acompaña, sino que anticipa las crisis y brinda calma con su sola presencia.
Historias como la suya son el corazón del Colegio Canino Kawan, donde la ciencia y el cariño se unen para entrenar perros con propósito: ayudar a las personas a vivir con más independencia, seguridad y amor.



