Ruta 4 Taller, finalista de la Bienal de Arquitectura 2020

Ruta 4 Taller, es una oficina de arquitectura de Pereira, la cual está trabajando en
cuatro líneas centrales: una enfocada en lo académico, otra en la construcción de
vivienda, especialmnente campestres, la tercera en el campo social desarrollando
proyectos de interés ppúblico y comunitario, tanto dentro del país como en otros
escenarios de América Latina, y la cuarta en la investigación relacionadas con
procesos de patrimonio. Uno de sus proyectos más emblemáticos en la línea de los
proyectos sociales es el Taller de Costura Comunitaria Amairis construido en el
sector de San Isidro, una de las zonas más deprimidas del corregimiento de Puerto
Caldas, el cual estuvo a cargo de los arquitectos Juliana López Marulanda, Jorge
Augusto Noreña Ocampo y Julián Andrés Vasquez O. Este proyecto acaba de ser
nominado como finalista en la Bienal Nacional de Arquitectura 2020 en la categoría
Proyecto Arquitectónico. Sobre el tema hablamos con el arquitecto Noreña Ocampo,
integrante de Ruta 4 Taller.

¿Exactamente la Bienal de Arquitectura qué es y qué importancia tiene?

Cada dos años se realiza la bienal de arquitectura que recopila proyectos
arquitectónicos que se desarrollan en el país durante ese período y un jurado
calificador de renombre se encarga de seleccionar unos primeros proyectos que
entran a competir. En esos primeros pasos de 139 proyectos el jurado seleccionó los
39 proyectos finalistas por categorías: categoría de vivienda unifamiliar, categorías
de alta, categoría de arquitectura efímera, categoría de investigación, categoría
editorial y categoría de proyectos arquitectónico. En esta estamos participando y es
la categoría más apetecida porque es la que define el Premio Nacional de
Arquitectura. Como finalistas estamos cuatro oficinas de arquitectura, entre ellas la
oficina de Andrés Bonilla que tiene una trayectoria muy importante en el país. En
síntesis la bienal de arquitectura es un evento que tiene que ver entre lo académico y
lo privado y lo que hace es reconocer las obras con mayor trascendencia en el país
en los últimos cuatro años y que tienen una reflexión crítica sobre el espacio y sobre
el territorio, sobre la manera de construir algo en nuestro país. Es como el evento
cumbre y de mayor renombre en el país a nivel de arquitectura, coordinado por la
Sociedad Colombiana de Arquitectos

¿En el caso de Ruta 4 qué proyecto quedó allí clasificado?

Nosotros presentamos el taller de Costura Comunitario que en este caso se llama
Amairis, en el corregimiento Puerto Caldas, exactamente en la vereda San Isidro.
Este proyecto que hace alrededor de tres años comenzó a gestarse por madres
cabezas de hogar, eran madres que querían emprender su propia empresa en la
vereda San Isidro, es decir que es una apuesta comunitaria, la cual es acompañada
por el Comienzo del Arco Iris, que es la organización y corporación que coordina
todos los procesos comunitarios para esta zona. En conjunto con ellas y con Poblado
Mundo, una organización que tiene sede en Jaén (España), iniciamos unos procesos
de gestión para poder conseguir los recursos materiales y también el equipamiento
de máquina para poder construir y cofinanciar el primer taller de confección
comunitario que hay en la región. Nuestro interés en este proyecto, que es por lo que
nos reconocen, es un poco la interpretación del contexto popular colombiano, es
decir, como este mismo barrio en el que ellas habitan y nosotros proponemos a
través de la arquitectura una nueva experiencia en el espacio. Nuestra propuesta
principal era cómo debían trabajar las madres en el ámbito rural en una fábrica de
confecciones en una ciudad de una tradición importante en este campo y nuestra
preocupación era crear un espacio que si bien configuraba una fábrica también fuera
un espacio comunitario, social y que permitiera una calidad y un confort en un
territorio como lo es Puerto Caldas que tiene un clima similar a lo que es Cartago.

¿Qué se logró consolidar en este taller?

En este caso nuestra otra preocupación importante era poder darle un lugar a las
madres, para ello configuramos un escenario que fuera como su lugar de
territorialización en el lugar, tener un sentimiento de pertenencia por el sitio y por su
comunidad y poder construir y trabajar en una fábrica que funcionaba en el mismo
lugar en donde hay clases de danza y de teatro, refuerzo escolar, al punto que ya
esta fábrica empieza a crear un circulo completo comunitario en donde se abarca lo
económico, lo cultural, lo académico y todo lo que comprende este lugar.

¿Cuándo y cómo se define el proyecto ganador en esa categoría?

Tengo entendido el 21 de noviembre y lo define el jurado. Este año la Bienal de
Arquitectura se iba a realizar en Cartagena pero por temas de Covid no se puede
llevar a cabo, pero va haber un evento virtual al que cualquier persona y
especialmente estudiantes de arquitectura y arquitectos pueden inscribirse para unas
charlas de esta profesión y también para conocer los proyectos finalistas.

¿Pero cuál es la importancia de esta bienal, de ganar una categoría de estas?

Para nosotros ya hacer parte de este evento es muy importante. Si bien, como ya lo
mencionábamos, es un evento de un gran carácter, nuestra preocupación principal va
ligada a poder poner de nuevo a Pereira y a su arquitectura en un escenario nacional
de este tipo. En los últimos años ninguna oficina de arquitectura y ningún arquitecto
ha aparecido con una obra de la ciudad y en ese caso a nosotros nos interesa poder construir un mensaje, también tiene que ver con lo académico, de pensar cómo con los materiales de la región y cómo con proyectos comunitarios donde podamos sumarnos entre la empresa privada, lo académico, nosotros como una institución independiente y la comunidad para configurar proyectos que tengan un carácter
social y con las características de un proyecto cultural y educativo. Estas
infraestructuras variables son determinantes e importantes para pensar en un nuevo
territorio, además de una construcción creemos que es también un mecanismo que
desde lo público, la academia y la empresa privada deberían direccionarse. En
muchos casos la arquitectura se aborda en un 99% de obra privada, es decir de quien
tiene recursos, y el 1% de los arquitectos se destinan a operar en estos territorios que
son por lo general marginados y olvidados por las entidades. Por eso el llamado es a
quienes están en la academia, en la empresa privada y a los arquitectos para operar
en estos territorios y poder hacer buena arquitectura, no solamente como un hecho
de caridad sino como un hecho profesional pendiente de intervención. Esa es un
poco nuestra mirada.

¿Quiénes lideraron esta iniciativa desde Ruta 4 Taller?
Este proyecto fue diseñado y coordinado por tres arquitectos: Julián Andrés
Vásquez, Juliana López Marulanda y Jorge Augusto Noreña, quienes éramos el
equipo que en ese momento, ahora somos cuatro personas más dos practicantes:
Juliana López, María Alejandra Zuluaga (arquitecta), Margarita Zuluaga (diseñadora
gráfica) y Jorge Augusto Noreña y las dos practicantes son Daniela Trejos y Andrés
Durán Parra.

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