Los datos del suicidio

Lo más doloroso es que gran parte de esos casos pudieron haberse prevenido con atención a ciertos signos conocidos, con escucha oportuna y con políticas públicas eficaces.

Según las cifras reveladas en un reciente foro realizado con motivo de la celebración del mes de la salud mental, instituido por la recién aprobada Ley de Salud Mental, en el país cinco personas intentan quitarse la vida cada hora y una lo logra cada tres horas.
En el 2023, Colombia registró cerca de nueve muertes diarias por suicidio, lo que se traduce en 3.195 fallecimientos y una tasa de 6.59 por cada 100.000 habitantes. Esto significa que el país no está cumpliendo la meta fijada en el Plan Decenal de Salud Pública que es menos de cinco, ni la establecida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, fijada en menos cuatro.
De otro lado, dicen los datos conocidos, que en la última década los suicidios aumentaron un 54% al pasar de 2.075 en el año 2014 a 3.195 en el 2023 y cosa igual ocurrió con los intentos de quitarse la vida. Pero lo más crítico de este comportamiento está en la franja de población entre los 10 y los 24 años.
Entre el 2015 y el 2023 la tasa de intentos de suicidio en los niños entre 10 y 14 años aumento de 6 a la alarmante cifra de 118 por cada 100.000 habitantes y en la franja de adolescentes y jóvenes entre 15 y 19 años, la tasa se diparó de 8 al aterrador registro de 259 por cada 100.000 habitantes.
Varias son las causas que alimentan este fenómeno; pero, según los estudiosos del tema, la violencia intrafamiliar, los conflictos de pareja y la precariedad económica, sumados a la depresión, la soledad y la falta de oportunidades están llevando a que miles de colombianos sientan que la única salida es acabar con su existencia.
Porque detrás de estas estadísticas dolorosas no hay simples números, sino vidas truncadas, familias devastadas y una sociedad que aún no asume con seriedad la magnitud de este problema de salud pública y, lo más preocupante, que aún etiqueta la depresión como debilidad y que mira el suicidio con prejuicio, en lugar de reconocerlo como lo que realmente es.
Lo más doloroso de todo esto es que gran parte de esos casos pudieron haberse prevenido con atención a ciertos signos conocidos, con escucha oportuna y con políticas públicas eficaces. No es solamente reforzando los servicios de salud mental, sino también creando entornos de apoyo en las escuelas, los barrios y los hogares, donde se pueda hablar sin miedo ni estigmas sobre el dolor emocional.
Colombia no puede seguir normalizando la tragedia de que cinco personas intenten suicidarse cada hora y necesita líneas de atención efectivas, programas escolares de prevención, campañas masivas de sensibilización y, sobre todo, un cambio cultural que permita escuchar sin juzgar. Cada vida salvada es un triunfo contra el silencio y la indiferencia.

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