Natalia Borja Nieto, señora Colombia 2024-2025: Belleza, fortaleza y fe

Natalia Borja Nieto, la recién coronada Señora Colombia 2024 – 2025, trasciende fronteras, no solo las de los concursos de belleza, como lo hará el año entrante cuando deba representar al país en Señora Internacional, sino en temas que son susceptibles para las mujeres, como es la apariencia física, la salud emocional o hasta la gordura, que dicho sea de paso, también trasciende de lo meramente estético al campo de la salud.

¿Cómo empezó todo esto?

Jamás pensé en ser reina, sino que como manejo las redes sociales, un día común y corriente un señor que maneja un programa me dijo: ¿tú has querido ser reina? Le respondí que no, entonces me volvió a decir, pero es que tienes el perfil y todo, le dije que muchas gracias, que no me interesaba. Siguió insistiendo y cuando regresé de un viaje, me dicen en la recepción que están preguntando por la Señora Colombia, me dio risa cuando lo vi y ese día estaba sin maquillaje y me dijo: sabes que una de las pruebas que hay en el certamen es sin maquillaje y la pasarías sin problema. Me explicó que la Señora Colombia no es solo la parte de la belleza, sino toda su trayectoria, le dije que lo iba a pensar, porque nunca había usado tacones y menos una pasarela, es más soy enfermera profesional y vestirme así ha sido un reto impresionante.

¿Qué siente una persona cuando alguien dice: “y la ganadora es”? Más alguien que no se preparó para eso desde niña.

Fue muy lindo, porque tenía a mi hija en el auditorio y fue como si se hubiera quedado todo en silencio y la escuché gritar ¡eres la mejor mamá del mundo! Sentí que el corazón se me iba a salir, los ojos se me pusieron lagrimosos y volví a escuchar al presentador que dijo Pereira, entonces dije ¡wow! Es el resultado de muchos esfuerzos y disciplina, porque detrás de esta corona hay un proyecto muy grande, entonces sentí el respaldo de Dios y con las personas que me aman al lado, es indescriptible. Ese domingo no dormí un minuto, pasé derecho de la emoción.

Ahora sí, hablemos de la Natalia niña y cómo transcurrió ese tiempo.

Soy una hija de madre soltera, entonces mi mejor ejemplo y modelo a seguir es mi madre, considero que lo que soy, se debe a los valores que ella y mi abuelita me infundieron, porque mi abuelo murió cuando yo tenia 4 añitos, entonces en mi casa quedaron las mujeres a la cabeza y mi mamá era la proveedora y mi abuela la que me formaba. Mi niñez transcurrió en el barrio Turín, que es el de la 40 con octava bis, luego me pasé a Niza que es una unidad de la Avenida 30 de Agosto.

Y en la adolescencia ¿cómo estuvo la cosa?

Les cuento que yo siempre fui la gordita del grupo, impresionante porque sufrí mucho matoneo, a mí me llamaban ‘oing, oing’, como el marranito, si jugábamos amigo secreto me regalaban los aretes de marranito. Aparte de todo, no sé si a muchas mujeres les pasa, tenía bigote y me decían tres cejas, eran muchas situaciones sumadas a la ausencia de mi papá, hicieron que no me aceptara como era. En esa etapa uno se tira muy duro, como mujeres nos falta mucho amor propio.

¿Buscó ayuda? O se guardó todo eso para usted sola.

Me lo guardaba y me desquitaba con la comida, en muchas ocasiones llegué a sentir mucho rechazo contra mi madre, pensaba que por culpa de ella era que mi papá no me quería y también en varias oportunidades intenté atentar contra mi vida para llamar la atención, le decía en mi oración a Dios que no quería vivir y eran muchas situaciones que me pasaban debido a ese sobrepeso, como a ese abandono, porque mi madre también trabajaba mucho y mantenía muy sola. Me encerré en una depresión impresionante, mi mamá sufrió muchísimo y por eso es un ángel demasiado grande.

¿Cuál fue el punto de quiebre para pedir ayuda?

Resulta que hay algo muy importante. Desde el momento en que nació mi hija, eso fue hace ya 12 años, porque venía en un proceso en el que acepté maltrato intrafamiliar, maltrato psicológico, permitía que los hombres minimizaran mi carácter, no tenía decisión sobre mis cosas y permitía que me hicieran muchísimo daño. En el momento en que ella nació, nació el amor de Dios reflejado acá en la tierra, toqué  fondo y  dije, no quiero que mi hija viva esto, aparte de todo también tenía muchas necesidades económicas o tenía para el arriendo o el mercado, pero no me alcanzaba para todas las cosas. Entonces dije o me hundo o me levanto, y vi también que mi mamá jamás desistió, entonces pensé quiero ser el orgullo de mi madre.

Primero fue profesional y después mamá o al contrario.

A los 25 años me gradué como enfermera profesional, pero a los tres meses de haberme graduado quedé embarazada, fue muy fuerte porque no tenía la experiencia laboral para que me dieran el trabajo, entonces me tocaba tener muchos trabajos por poquito dinero. Trabajé en Obando, en Cartago, me tocaba viajar mucho para poder tener un salario completo y poder sostener a mi hija.

Cuéntenos un poco sobre su inspiración.

Ella sabe que es mi musa, mi motor, mi fuerza, mi gasolina. Ahora ha sido complicado porque todo esto ha quitado tiempo que era para ella, pero aunque es una niña muy tímida me dice: “mamá lo lograste, estoy orgullosa”. Pasa también que a veces en el colegio los profesores le dicen: ay, es que yo quiero una foto con su mamá, entonces ella es, ¡ay, mami qué pena de mis amigos. Ella es una combinación, porque hablo mucho con ella y soy muy sincera, le quiero demostrar con este proceso que no importa las veces que tengamos que intentarlo, es conseguirlo con amor, disciplina, perseverancia y con la fuerza que es la familia, porque si mi hija no existiera yo no estaría acá.

Es el turno para la nueva vida.

En el 2016, justo en esta fecha estoy cumpliendo ocho años de haber iniciado mi proceso de conversión a través de un movimiento católico que se llama ‘Llamas de María’, en el que tuve la oportunidad de encontrarme con el amor y reconocer que Dios era el que me faltaba en la vida para ser esa mujer exitosa. Era llenar los vacíos por ese dolor de padre y la soledad porque mi mamá también trabajaba mucho y cuando empiezo a dejar que Dios trabajara en mi ser, empezó a cambiar todo en mi vida, se puede decir que ahí nació la nueva Natalia, empezando también porque me perdoné.

Y para el nuevo cuerpo…

(Sonríe) Me quedo sin trabajo casi un año, debido a esa necesidad mi mamá me dijo que ya siendo enfermera estudiara estética y bueno eso hice, ahí ya pesaba 103 kilos, pero cuando uno debe estar ante un paciente que busca eliminar lo que no le gusta de su cuerpo y lo ve a uno gordo, entonces va a pensar que si es tan bueno por qué no se lo hace primero uno y pues obvio empecé por mí.

Dato

La abuelita nené, doña Aceneth todavía vive, le hace calditos y le insiste que coma bien. Ya son cuatro generaciones de mujeres valientes.

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