A partir del cinco de agosto, Ana María Giraldo Gómez, una ingeniera industrial, deportista y montañista de 39 años y madre de Simón de 5 y Rafael de 4, se lanzará a la conquista de la sexta de las siete montañas más altas de planeta que se propone alcanzar como parte del equipo colombiano “7 Cumbres”. Esta hazaña ya la ha logrado en cinco lugares de la tierra, incluido el monte del Everest a las de 8800 metros de altura, convirtiéndose en la única de las tres mujeres colombianas que han desafiado con éxito el llamado techo del mundo. Ahora se propone escalar el monte Carstensz, de 4884 metros, el más alto de Nueva Guinea localizado en las montañas Sudirman, al oeste de Papúa, una zona frecuentemente agitada por terremotos y maremotos.
¿Cómo fueron sus inicios?
Yo creo que las primeras montañas que hice fue con mis papás, siendo muy pequeña. Con el paso del tiempo, con mis dos hermanos -uno de ellos guía de montaña- subíamos a la cima del Nevado del Ruiz a 5321 metros de altura. Esa fue mi primera cumbre. Luego subí al páramo de Santa Isabel, al Nevado del Tolima y todas las montañas del Parque Los Nevados. En ese proceso me hice guía de montaña y trabajaba en el parque en las vacaciones de la universidad.
¿Cómo se integró al equipo “7 Cumbres”?
En el 2001, un día llegaron allí los primeros colombianos que había ascendido al Everest. Cuando los conocí yo estaba haciendo un entrenamiento en bicicleta en el parque Los Nevados y ellos se extrañaron de ver una mujer montando en bicicleta de montaña a esa altura. Y un año después recibí la llamada de uno de ellos, porque estaban preparándose para el proyecto colombiano “7 Cumbres” para ir a escalar el monte Aconcagua y quería involucrar dos mujeres. Me contaron en qué consistía la expedición y acepté. Fuí al Aconcagua con ellos, hice cumbre, me fue muy bien en altura en los 6962 metros del monte, el más alto de América. Esa aventura duró 17 días, mi cuerpo se adaptó muy fácil a la altura. Fue experiencia muy bonita. Cuando regresamos los líderes del equipo me propusieron estar en todo el proyecto.
¿Cuáles fueron las siguientes cumbres conquistadas?
Unos meses más tarde, en el 2003, fuimos a escalar la más alta de Europa, en la Cordillera del Caúcaso, el montes Elbrús a 5642 metros. Después de éste, al siguiente año, fuimos a la montaña más alta de la región polar ártrica, el McKinley o Denali de 6192 metros y después de eso se empezó a pensar en cómo volver al Everest pero esta vez para que fueran mujeres colombianas. He ido dos veces, la primera vez hasta la cima (8848 metros sobre el nivel del mar) por la ruta norte, desde China, y la segunda vez por la ruta sur hasta el campo base para conocer ese lado de la montaña. En ese proceso fuimos al Himalaya por primera vez seis meses antes del ir al Everest, estuvimos en otra montaña en la que no pudimos hacer cumbre. En la Expedición Everest fuimos tres mujeres y nueve hombres. De ese grupo, logramos la cumbre cinco: las tres mujeres y dos hombres, uno sin utilizar oxígeno suplementario, y otro, Juan Pablo Ruiz, que hacía su segunda cumbre en el Everest.
¿Cuánto duró esta expedición?
El viaje duró dos meses y en la montaña como tal estuvimos 45 días. Es importante aclarar que éramos una expedición deportiva, eso significa que nosotros mismos cargábamos las provisiones, teníamos un equipo de sherpas pero todo el trabajo era compartido, a diferencia de las expediciones comerciales en donde a los clientes les instalan todo, les cargan el morral y casi que los llevan cargados. En ese recorrido las mujeres utilizamos oxígeno solo desde los 8300 metros y llegamos a pulmón hasta el campamento tres.
¿Qué sintió al llegar a la cumbre?
Cuando llegué al Everest sentí mucha gratitud porque estaba viviendo algo que muy pocas personas tienen la oportunidad de hacerlo y me sentí muy afortunada y con mucha gratitud y emoción, porque sin duda había entregado mucho en el camino para merecer estar ahí arriba. Es una mezcla de gratitud y mucha emoción. En la parte física es una sensación rara, porque a pesar de que tengo muy buen control de mi respiración gracias a la natación, de mantener un ritmo constante y tener el cuerpo en equilibrio, es impresionante porque cuando se respira se siente que no llega suficiente oxígeno y eso repercute en los movimientos, dar un paso y pensar cuestan más trabajo, todo se hace más lento. En las primeras noches hay dolor de cabeza, de estómago, o malestar general, porque el cuerpo apenas se está adaptando a la falta de oxígeno. Las primeras noches son muy largas.
¿Cuál es el próximo desafío?
Me quedan las dos montañas más remotas de todo el proyecto. A inicios del mes de agosto vamos a Papúa, Nueva Guinea, a escalar la montaña insular más alta del orbe, el monte Carstensz, que representa el pico más alto de Oceanía. Es una montaña rocosa que queda al lado de una de las minas de oro más grandes del planeta. Esta montaña plantea progresión en roca, no tiene hielo, con una altura de 4884 metros. Es pared y es una montaña con unas características bien diferentes a lo que he hecho hasta ahora. Desde allí se puede ver uno de los últimos glaciales ecuatoriales del planeta, el glacial Grey Kayak.
¿Cuántos colombianos van?
De Colombia voy sola, porque los cuatro compañeros del equipo Siete Cumbres ya terminaron hace dos años, cuando yo estaba en la maternidad de mi hijo. Del grupo harán parte escaladores de otros lugares del mundo que están haciendo las siete cumbres: dos alemanes, dos españoles -entre ellos una mujer-, dos ingleses y un estadounidense.
¿Qué tiempo tienen proyectado para alcanzar esta cumbre?
Hacia el 5 de agosto debo estar tomando el vuelo en helicóptero que me va a aproximar a la montaña, hay tres días para hacer aclimatación y caminadas cortas en la zona cercana y estimo que entre el 9, 10 y 11 estemos haciendo el primer intento y si todo sale bien estaremos llegando a la cima.
¿Sólo le quedará faltando?
Es el monte Vinson, es el más alto de la Antártida, todo hielo y es un lugar impresionante. El propósito es llegar allá en enero del 2020 o a más tardar en diciembre.
¿Cómo se está preparando?
Una es toda la base física y aeróbica que la hago en bicicleta de montaña, trote y preparación en gimnasio con una rutina especial. Y lo otro es el acondicionamiento en altura o aclimatación, lo que va creando una huella de adaptación en el cuerpo. El otro componente es el entrenamiento técnico que estoy haciendo en las rocas de Suesca, retomando los movimientos y técnicas de la escalada, en donde hay que tener mucha consciencia corporal, tener un equilibrio en el cuerpo y ser muy consciente de los movimientos y saber leer la ruta. Otro componente es el mental y el emocional, porque en estos lugares remotos, después de tanto esfuerzo y lejos de las personas que uno ama, empieza la cabeza a jugar malas pasadas. Además ésta será mi primera expedición como mamá y seguro me van a hacer falta mi esposo, mis hijos, mi familia. Hay que saber como lidiar con eso.


¿Cuánto duró esta expedición?
¿Qué tiempo tienen proyectado para alcanzar esta cumbre?
