Un extraño comportamiento

Cada cinco días muere una persona en Risaralda en un accidente de tránsito, dice un titular de una información aparecida por estos días en este periódico y según la cual, a pesar del aislamiento obligatorio que redujo sustancialmente la movilidad en la ciudad y el departamento, la accidentalidad, especialmente de motocicletas, seguía disparada.

Aunque no lo decía la nota, las estadísticas muestran que en Risaralda en siete de cada diez accidentes de tránsito que ocurren en sus vías, hay involucrada una moto y la proporción se mantiene similar cuando se analizan las personas que mueren producto de estos hechos de carretera.

En una reciente nota editorial dijimos que la sustancial reducción del tráfico en la ciudad, producto de las severas medidas de movilidad dictadas por el Gobierno, había estimulado, y de qué manera, el acostumbrado comportamiento desordenado y anárquico de los motociclistas, y debocado su proceder irresponsable.

Bastaba ver cómo en los días de encierro general, estas personas, que en su gran mayoría hacían parte, por el tipo de trabajo que desempeñaban, de las excepciones contempladas en los decretos oficiales, circulaban por las calles de la ciudad como si estas estuvieran solo a su disposición y no hubiera más vehículos autorizados circulando por ellas.

Si en otro tiempo y condiciones los motociclistas no respetaban las señales de tránsito, ni atendían en absoluto las normas de circulación, ni les importaban los semáforos, ni los pares, ni el sentido de las vías, ni mucho menos las cebras, o las zonas peatonales; ahora, en los días de prohibición y por tanto de muy baja movilidad, era como si nada de esto existiera.

Estos aparatos circulaban a altísima velocidad, se metían en contravía, no hacían el pare en los semáforos, se montaban por los separadores centrales en las avenidas, se subían por los andenes y viajaban por el carril del Megabús, todo mientras los agentes de tránsito estaban amontonados en las afueras de la ciudad controlando quien había salido de sus casas sin estar dentro de las excepciones autorizadas por las autoridades, para imponerle el correspondiente comparendo.

Cuando era presumible, pues, que los accidentes de tránsito y las muertes en estos hechos dolorosos, por lo menos en estos días de encierro y baja movilidad, bajaran a índices casi inexistentes, los informes de las autoridades dan cuenta de unos registros aterradores que hacen pensar que las calles y las vías del departamento se han convertido en espacios por donde el peligro y la muerte rondan a cada instante.

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