Casi seis de cada diez colombianos tienen obesidad, una enfermedad crónica cuya prevalencia en cada vez mayor en nuestra sociedad a pesar de los serios riesgos que representa para la salud y mucho más ahora con la presencia del COVID-19. Ante esta problemática, en Colombia se estableció hace cuatro años el 24 de septiembre como el Día Nacional de la Lucha contra la Obesidad, con el objetivo llamar la atención y generar acciones concretas alrededor de la obesidad, una enfermedad que ha incrementado sus índices en el país en los últimos años. La iniciativa se suma al trabajo realizado en 2009 con la creación de la Ley de obesidad, que define a esta patología y sus enfermedades crónicas no transmisibles asociadas como prioridad de salud pública que requieren de medidas de control, atención y prevención. Y mucho más cuando estudios científicos han demostrado que la obesidad incrementaría el riesgo de muerte en pacientes con COVID-19 cerca de un 50% y haría que las vacunas contra esta enfermedad fueran menos efectivas. Sobre el tema hablamos con Martín Vásquez Mejía, internista endocrinólogo, miembro de la Asociación Colombiana de Endocrinología
¿Antes de la pandemia qué tan grave era el problema de la obesidad?
La obesidad en Colombia es un problema grande. La última encuesta publicada, muestra que el 56% de los adultos en el país tienen sobrepeso u obesidad y esto ha venido creciendo cada vez que se hace esta encuesta que es cada cinco años. O sea que es mucha la población colombiana afectada y está creciendo día tras día.
¿En un confinamiento tan largo este porcentaje ha aumentado?
No hay una medición oficial de los entes gubernamentales que nos muestren cómo ha afectado. Pero en la clínica cotidiana uno sí ve ese problema. Los pacientes nuestros que vienen luchando contra la obesidad, la mayoría de ellos han aumentado de peso en este confinamiento. Por un lado, porque muchos de ellos venían juiciosos haciendo actividades físicas y ahora que están en la casa no lo pueden hacer o no se han adaptado a hacer ejercicio en casa. Antes lo más común era que salieran a caminar o iban a un gimnasio, ahora eso no lo pudieron hacer y en la casa no encuentran la forma de mantener el mismo nivel.
¿A esto se agregan las ansías por comer en este encierro?
Además del sedentarismo, por otro lado están la ansiedad y el estrés que conllevan a que muchas veces se busque solucionar eso comiendo y si uno está en la casa, con toda la disponibilidad de la nevera y de la alacena, puede ir 20 veces al día y comer. Eso es lo que hemos visto mucho: los pacientes están comiendo más y haciendo menos ejercicio y en nuestras prácticas clínicas diarias sí vemos que esas personas, en su mayoría, han ganado peso en este confinamiento.
¿Hay que advertir que la obesidad y el sobrepeso son una enfermedad?
Claro. La Organización Mundial de la Salud, OMS, y otras entidades reconocen a la obesidad como una enfermedad crónica. Muchas personas piensan que simplemente la obesidad es un problema estético, pero no. Para que la obesidad se dé, en la persona que está con sobrepeso se encuentran tres daños principales: primero es el daño de los entes reguladores del apetito, de la ansiedad y del gasto energético que queda en el hipotálamo, generalmente se encuentra un daño allí. Segundo, hay un daño en el tejido adiposo que es donde se almacena la grasa. La persona sin obesidad tiene unas características que se pierden en las personas con obesidad y en éstas el tejido adiposo genera un montón de sustancias que van a causar diabetes, hipertensión y aumento del riesgo de infarto. En tercer lugar hay un cambio en la microbiota que son las bacterias que viven en nuestro intestino.
¿Pero la solución no se reduce a perder kilos?
Entonces de por sí la persona que tiene obesidad tiene unos daños establecidos que se consideran enfermedad. Y es crónica porque hasta ahora no tenemos forma de reparar esos tres daños, pero es completamente manejable porque con una buena estrategia es posible manejar el exceso de peso de la persona. Pero lo más importante cuando uno detecta una persona con obesidad no es tanto simplemente ver que pierda kilos, sino que cambie sus hábitos de vida y que la pérdida de kilos sea un reflejo de eso. De esta manera logramos que el cambiar estilos logren mantenerse bien por largos períodos de tiempo. Y no solamente que bajen y vuelvan y suban de peso, como se ve con frecuencia.
“La OMS, y otras entidades reconocen a la obesidad como una enfermedad crónica, aunque muchos piensan que simplemente es un problema estético”
¿Qué tan mortal puede ser este tipo de enfermedades?
Mucho. Se lo voy a poner de esta manera: si yo tengo un peso normal la posibilidad que tengo de llegar a los 70 años es del 80%, pero si tengo obesidad esa posibilidad me baja al 55% y si tengo obesidad mórbida al 40%. Ahí podemos ver claramente que si tenemos obesidad se acorta la expectativa de vida. Adicionalmente se corta la calidad de vida, porque la obesidad tiene complicaciones metabólicas, entonces hablamos de la diabetes, el riesgo de infarto, la hipertensión, el ácido úrico… Además también tiene problemas mecánicos y le producen dolores lumbares, osteoartrosis, daños en las rodillas y apnea del sueño. Y adicionalmente le afecta la esfera mental y entonces tenemos más situaciones de depresión, de ansiedad y de autoestima. Entonces esto afecta por todos lados.
¿Con el COVID-19 esta co-morbilidad pone en mucho más riesgos a los pacientes?
Sí, lastimosamente los pacientes con obesidad tiene más riesgo de desarrollar una enfermedad COVID severa, de requerir hospitalización en UCI y de morir, así sean jóvenes, porque en la obesidad ese tejido adiposo generalmente lo que hace es mantener un estado inflamatorio permanente en el paciente obeso. Al tener esa inflamación crónica la primera línea de defensa contra el COVID es una sustancia que se llama interferón y resulta que el paciente con obesidad tiene menos niveles de interferón y entonces el COVID entra más fácil. Y en la segunda fase de infección del COVID, donde hay un fenómeno inflamatorio severo, que se llama “la tormenta de citocinas”, el paciente obeso no tiene capacidad de regular esto y entonces se da de una manera inflamatoria exagerada y hay mayor destrucción a nivel de pulmones, de alvéolos y de todos los órganos. Así que lastimosamente el paciente con obesidad, por su inflamación crónica, padece mucho más fuerte el COVID-19.
¿A todas éstas… qué hacer para evitar la obesidad?
Hay múltiples aspectos. A nivel personal, quien está viendo que está ganando peso debe tomar conciencia y recuperar buenos hábitos de vida, retomar la parte de su actividad física y hacer una elección apropiada de los alimentos. Como sociedad, yo creo que es donde más cambios tenemos que hacer porque somos una sociedad que cada vez queremos estar más cómodos, es decir no movernos mucho, hacer todo en el carros, no subir escalas, quedarnos quietos y no gastar energía. Y también somos cómodos en el sentido de comer: no queremos preparar comida de verdad verdad, queremos todo ya preparado o ultraprocesado y a domicilio, y esa combinación de una sociedad cómoda hace que los miembros de ella, que somos todos, nos veamos expuestos ganar peso con suma facilidad. Y también las entidades de salud tienen que ser más conscientes de que la obesidad está ahí y que es la madre de muchas enfermedades y que hay que educar a la sociedad, al personal médico y, en general, a toda la población para que aprenda a defenderse de la obesidad. El primer paso es evitar que haya más personas obesas, entonces desde niños hay que alimentarlos como debe ser, evitar todos los ultraprocesados y los dulces, tener más actividad física. Y la persona que la padece ser consciente de que tiene que cambiar hábitos para la vida y hacerlo.



