Impedir que haya nuevas construcciones, que abran nuevos negocios y que instalen más establecimientos, es imposible; pero lo que si es posible, es prever lo que puede pasar.
Nuestro habitual columnista Jorge Eduardo Murillo se dolió en su última columna de opinión, de la negligencia y falta de visión de las autoridades para controlar el desbordado crecimiento de toda clase construcción sobre el tramo de vía entre el Terminal de Transportes y Punto Treinta, y en la doble calzada a Cerritos.
Dice el columnista que todo al que se le antoja poner un negocio en la vía que va hacia Armenia, para no hablar sino de esta, simplemente levanta la construcción e instala el nuevo establecimiento, no importa si la edificación quede construida prácticamente sobre la calzada y no esté respetando los retiros lógicos que debe tener una vía de esta naturaleza.
Y a renglón seguido el doctor Murillo Mejía se pregunta, con toda razón, qué va a pasar y quién va a pagar el valor de estas construcciones o de las mejoras que allí se están haciendo, el día, así sea muy lejano pero que tiene que llegar, en que el tráfico por esta calzada obligue al gobierno a construir una doble calzada o, al menos, un tercer carril amplio y suficiente.
Por alguna razón, que ya no es momento de discutir su bondad, las autoridades que tenían la responsabilidad de tomar la mejor decisión, determinaron cambiar la construcción de una doble cazada ente el Terminal de Transportes y Punto treinta, por la apertura de una vía entre Punto Treinta y Mercasa.
Por supuesto, la llamada variante Condina alivió el tráfico que viniendo del suroccidente y del occidente del Departamento, va hacia Armenia y le quitó la presión que este hacía sobre las calles de la Ciudad, amen de que abrió un importante desarrollo urbanístico en una zona que era completamente rural; pero la deuda de atender un movimiento vehicular que antes de disminuir cada vez es más alto y más pesado, quedó pendiente de pagar.
Es probable que la construcción de una doble vía en este tramo se demore mucho tiempo, es más que igual se demore una ampliación de la vía actual; pero algún día habrá que hacerla, independiente de si se construye la que se ha llamada la Variante Oriente, porque el crecimiento de este sector y consecuentemente del tráfico por la actual vía, es impresionante.
Claro, impedir que haya nuevas construcciones, que abran nuevos negocios y que instalen nuevos establecimientos, es imposible; pero lo que si es posible y, además es una obligación de las autoridades, es prever lo que puede pasar en el futuro y velar por que lo que se haga no vaya, con los días, a convertirse en un problema sin solución.
Es urgente, pues, que las autoridades de control físico, que hay que decirlo están haciendo un trabajo serio, le pongan atención al crecimiento vertiginoso e irregular de construcciones y de nuevos establecimientos al borde la vía entre el Terminal de Transportes y Punto Treinta, no vaya a ser que, como bien lo advierte el columnista, el día que se tenga que mejorar la vía, presionado por el insoportable tráfico, sus costos van a ser descomunales.
