Mientras las autoridades locales dan tumbos tratando de evitar tener que regresar a medidas más drásticas que golpearían aún más la ya afectada economía de los pereiranos, y de controlar la inconsciencia y la desobediencia de una población que no parece importarle los riesgos del virus; el Secretario de Salud del Departamento anunció que si la gente no toma conciencia y no hay autocuidado y responsabilidad, el número de contagio que hay hasta hoy se pueden duplicar antes de que termine este año.
Hoy el Departamento acumula un poco más de 13.700 personas confirmadas positivas de Covid y está sumando un promedio de 150 nuevos contagiados cada día, lo que significa que, de mantenerse esta tendencia, el registro de infectados al final de año será superior a los 25.000 y el de personas fallecidas podría estar cerca de las 600.
Sostiene el doctor Marulanda que la situación se torna aún más preocupante cuando se observa el comportamiento creciente del promedio de contagiados en los dos departamentos vecinos. Estas regiones tienen retrasado el pico de la pandemia y, como Risaralda, muy graves problemas con la observancia de las medidas de prevención y autocuidado.
Mientras el alcalde Maya da la orden de cerrar la Plaza de Bolívar y los principales parques y sitios públicos de la Ciudad, y no autoriza el funcionamiento de los bares y discotecas, para evitar precisamente la aglomeración de personas y el fácil contagio, la gente se amontona alrededor de las barreras instaladas por la Policía y los sitios de diversión y venta de licor funcionan en las narices de las autoridades como si nada estuviera pasando. Todo esto, sin obviamente tener en cuenta la medida del uso del tapabocas y mucho menos del lavado constante de las manos y del distanciamiento social.
Claro que es imposible ponerle un policía a cada ciudadano y a cada pequeño negocio para que cumplan con las medidas de autocuidado; pero no tiene mucho sentido cerrar los centros de las plazas y permitir que a su alrededor se amontone la misma gente sin siquiera usar tapabocas; ni cerrarles las puertas a unos pequeños establecimientos comerciales por falta de algún protocolo no indispensable, mientras las más conocidas discotecas y lugares de rumba hacen su fiesta y venden licor como si nada estuviera pasando.
Es claro que la ciudad no puede volver a las medidas de antes; pero es necesario, ya que no se logró crear la conciencia debida de autocuidado en la gente, que las medidas que se tomen primero tengan coherencia y segundo, se tenga la capacidad de hacerlas cumplir. De lo contrario, no estamos lejos de que la lapidaría advertencia del doctor Marulanda, se cumpla antes de finalizar el año.
