El Padre Clavijo, el pregonero de Juan Pablo II

Hace 35 años, miles de fieles despidieron a Juan Pablo II, el único Papa que ha visitado a la ciudad en toda su historia, con esta frase: “Juan Pablo, hermano, hoy se hace pereirano”. Así lo recuerda el sacerdote e historiador Nelson Giraldo, al asegurar que tenemos en el cielo a un paisano, hoy convertido en santo. Fue el  sábado 5 de julio de 1986, cuando el Papa cumplió su visita a Pereira, en un acto sin precedentes en la historia de la ciudad. De paso hacia la zona de Tolima y Caldas afectadas por la erupción del volcán nevado del Ruiz, el prelado hizo escala  en el aeropuerto Matecaña, en su visita pastoral a Colombia. Desde la madrugada, alrededor de 60.000 personas se habían agolpado en los alrededores del campo de aterrizaje para presenciar la llegada de Juan Pablo II, aunque muy pocos tuvieron el privilegio de saludarlo. En el Aeropuerto se había acondicionado una tarima especial para la misa que iba a oficiar el papa, escenario que fue cuidadosamente decorado sobre todo en las gradas de ascenso al estrado papal y donde el café, grano insignia de la región, no podía estar ausente. En dos columnas levantadas en tela a lado y lado de la tarima desde donde se dirigió el Papa, se leía la frase en latín: “Totus Tuus” (Todos para todo). En aquella tarima, además de Juan Pablo II, solo habían dos personas más: Monseñor Darío Castrillón Hoyos, quien coincidencialmente ese día cumplía 55 años, y un sacerdote a quien el entonces Obispo de Pereira le había pedido que sirviera de animador. Se trata del Padre Luis Fernando Clavijo Clavijo, actual Párroco de la Parroquia María Inmaculada en Marsella, Risaralda.

Padre Clavijo: ¿qué recuerda de esa jornada?

Ese día fue muy maravilloso porque fue una sorpresa en el mismo aeropuerto donde estábamos la comisión de recibimiento del Papa, el señor Obispo Cardenal, Monseñor Darío Castrillón Hoyos me designara para que estuviera en la tarima animando primero que todo a la gente y ahí fue donde surgió la frase “El Papa Amigo, Juan Pablo Amigo, Pereira está contigo”. Fue una frase que comenzaron a replicar casi todas las partes donde llegaba el Papa Juan Pablo II, ahora Su Santidad San Juan Pablo II. En el aeropuerto comenzaron esos estribillos, recordemos que era mucha gente y a mí me tocaba animar antes de la llegada del Papa y cuando ya se acerca el avión pues no debía estar sino una sola persona en la tarima con él y me correspondió a mí. En el momento cuando él sube a la tarima junto al Obispo de Pereira, en ese entonces Monseñor Darío Castrillón Hoyos, el saludo fue muy emocionante con el Papa porque se admiró como estaba la gente, la alegría y me dijo unas palabras: “tienes una garganta extraordinaria”. El papa se alegró mucho de ver lo que gritábamos y ver lo que estábamos diciendo en ese momento, era un hombre que transmitía igualmente espiritualidad, carisma, alegría, es un momento muy emocionante para cualquier persona, imagínate para un Sacerdote, pues mucho más para uno como Sacerdote estar a un lado del Santo Padre, sobre todo por esa manera tan jovial y tan carismática que tenía. Yo tuve la oportunidad luego, cuando estuve en Roma estudiando, de encontrarme nuevamente con él, incluso conservo las fotos, esos son momentos que uno nunca vuelve a vivir.

 

¿Qué sintió  cuando le estrechó la mano a Juan Pablo II?

El Papa manifestaba mucha alegría de estar en Colombia, cuando llegó a esa tarima me dijo primero que todo; “que garganta tienes y este pueblo tan lindo, esta gente tan linda”, me dijo esta gente tan hermosa y tan alegre. Él se admiró mucho de la alegría y del entusiasmo de los pereiranos.

 

¿Cuándo se volvieron a ver en Roma recordaron este encuentro en Pereira?

En Roma tuve la oportunidad de estar en una parroquia en una visita pastoral de él como Obispo de Roma y entonces llegamos al recuerdo porque me preguntó ¿de dónde eres?, tenía una memoria extraordinaria este Papa porque cuando yo le dije que era de Pereira me respondió: “ahhh… Monseñor Castrillón” y le dije: “sí Santidad y yo era sacerdote que estaba en la tarima el día que fue a Pereira”. Y manifestó:   “ahhh… sí, fue un recibimiento muy bonito y muy alegre”. El papa se acordaba del recibimiento que le hicimos acá, fueron unas palabras cortas y me animó a amar mi vocación, amar mi sacerdocio y de verdad que a transmitir todas las bendiciones que él tenía para los pueblos.

 

¿Me imagino que conserva muchos recuerdos de esos momentos que son únicos en la historia?

Bueno, pues indudablemente primero que todo la foto, porque uno ni se da cuenta cuando le toman esa foto. Yo estuve ahí en el momento del recibimiento en Pereira y también cuando tuve la oportunidad de hablar con él porque estuvimos allí muy cerca conversando con él y con unos Cardenales y Obispos y el Párroco de esa parroquia. Y aquí me viene algo a la memoria, que nosotros, no sé si has ido a la Casa Santa María de los Ángeles donde está precisamente el estrado que colocaron en el carro donde se trasladó al Papa del avión hasta la tarima y luego desde la tarima hasta el helicóptero que lo llevó hasta Chinchiná. Ese estrado todavía existe, está en Santa María de los Ángeles donde el Papa San Juan Pablo II fue trasladado y estuvo ahí para llevarlo de un lugar a otro en Pereira-

¿Qué transmitía el Papa, que sentimientos le generaba?

Mire hombre, hoy en día muchas personas quieren hacerse tomar una foto con un gran deportista, con un gran escritor, con un Presidente, en fin, pero yo digo que un momento emocionante es encontrarse uno con el Papa. Edgar Bernal en estos días se entrevistó con el papa Francisco y recuerda lo que transmitió y todo lo que dijo Edgar Bernal sobre ese encuentro fue que era la emoción más grande, mejor dicho que no le había dado tanta emoción ni cuando ganó el Tour de Francia, ni cuando ganó el Giro de Italia. Para uno un encuentro con el Papa es un encuentro carismático, un encuentro espiritual, es un encuentro de grandeza y también de humildad porque qué hombre tan humilde fue Juan Pablo II y, sobre todo hoy en el recuerdo de uno de decir yo estuve junto a San Juan Pablo II, para uno es mucho orgullo y mi familia indudablemente también se reviste de ese orgullo, de esa alegría, como cuando estuvimos también en la Catedral de Pereira con la Madre Teresa de Calcuta que también fue canonizada. Esos fueron momentos muy grandes, pero más verdaderamente lo fue el encuentro con el Papa.

 

¿Usted tiene el récord de haber estado con dos santos en su vida sacerdotal?

Pues ¿como te parece? sí, porque la Madre Teresa de Calcuta también nos visitó en Pereira cuando se fundó la casa de las Hermanas de Calcuta, ella estuvo en la Catedral en una eucaristía, estábamos allí con el padre Julio Hernando García, que hoy es el Obispo de Garagoa (Cundinamarca) y con el padre Gustavo Valencia porque nosotros éramos cooperadores y el padre Valencia era el Párroco. Ella llegó allí, una señora simplemente linda con una camándula en la mano, que sencillamente era una humildad impresionante, para nosotros fue algo también muy emocionante ese encuentro con la Madre Teresa de Calcuta. Entonces yo tengo dos recuerdo muy lindos en mi vida que es haber estado con dos santos: San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta.

A mí me tocaba animar desde la tarima en el aeropuerto antes de la llegada del Papa y cuando ya se acerca el avión pues no debía estar sino una sola persona en la tarima con  él y me correspondió a mí”

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