La semana pasada la bancada del Partido Conservador en el Congreso radicó en la Secretaría del Senado, un proyecto de reforma laboral distinto al oficial y a otras iniciativas que se han anunciado, trás su decisión de no acompañar la nueva propuesta presentada por el Gobierno Nacional al Legislativo.
El proyecto, según el vocero de ese partido, el senador Cepeda, se fundamenta en cuatro pilares esenciales: algunos beneficios para los empleados, protección para los desempleados, derechos mínimos y afiliación a salud de nuevas modalidades de trabajo y actualización normativa.
Adicionalmente, la iniciativa contempla un recargo del 100% para la jornada dominical, una regulación para el trabajo por horas en lo que se refiere a la cotización y mejoras en las condiciones de los aprendices y algunos incentivos para las empresas que contraten estas personasEsto significaría días de once y más horas, que primero serían pesados para cualquier persona y segundo, que en jornadas tan largas el rendimiento del trabajador no es el mismo.
Por último, la propuesta conservadora incluye crear un subsidio para aquellas personas que perdieron el empleo y que al menos permanecieron en su trabajo en los doce meses previos a quedar vacantes, y dejar abierta la posibilidad de que, bajo común acuerdo, empleador y trabajador pacten una jornada laboral de cuatro días a la semana, manteniendo igual el mismo número de horas semanales, de tal manera que puedan descansar los restantes tres días.
En cuanto a la regulación de las nuevas modalidades de empleo, como el trabajo a través de aplicaciones, el proyecto propone una Unidad de Trabajo Especial (UTE) que permitiría cotizar a pensión así como a la otras prestaciones sociales y para la labor por medio de plataformas digitales, plantea categorizarla en dependientes e independientes.
Por supuesto que la mayoría de las modificaciones que contempla el proyecto, son loables y están dirigidas a la formalización de miles de personas que hoy no tiene acceso a los beneficios mínimos laborales, ni gozan de estabilidad en el empleo; sin embargo, puede de un lado desestimular la creación de nuevos puestos de trabajo y resultar demasiado onerosa para los empleadores, y por el otro, ser difícil de aplicar.
No es fácil, por ejemplo, que un trabajador pueda cumplir una jornada semanal de 45 o 46 horas en cuatro días de trabajo. Esto significaría días de once y más horas, que primero serían pesados para cualquier persona y segundo, que en jornadas tan largas el rendimiento del trabajador no puede ser el mismo.
De todas maneras, cualquier iniciativa que permita incrementar los puestos de trabajo en el país, mejorar las condiciones laborales del trabajador, formalizar a miles de empleados que no tienen las mínimas garantías sociales y que no sean una carga excesiva para el empleador, debe ser bienvenida y merece ser estudiada y discutida sin ninguna prevención.
