Unos registros aterradores

Este es un delito que a pesar de que cada vez se denuncia más, en muchas ocasiones todavía la víctima prefiere guardar silencio y sus familiares no acuden a las autoridades.

Pereira es, según un reciente informe del Instituto Nacional de Medicina Legal, la cuarta ciudad del país con más número de casos de violencia sexual, solamente superada por Bogotá, Cali y Medellín. De acuerdo al documento, entre el primero de enero y el 31 de julio de este año, en la Ciudad se reportaron 286 casos de este horrible delito.

Si se compara este dato con el del mismo período del año anterior cuando las autoridades conocieron de 264 hechos de violencia sexual en Pereira, significa que este hecho abominable ha crecido en los últimos doce meses casi en un 10%, un deterioro, además de progresivo, que tiene que llamar la atención de las autoridades.

Mientras en los primeros siete meses del año 2020, las agresiones sexules fueron en Pereira 199, en el mismo período del año siguiente se elevaron a 244 y en el 2022 este condenable delito alcanzó la cifra de 264, para llegar a los 286 que reportaron los autoridades en lo que va corrido de este año.

El otro reporte que sale del informe de Medicina legal y que aterra, es que Pereira solo tiene muchos más casos de violencia sexual que sumados los datos de las otras dos capitales del Eje Cafetero. Según el documento, entre enero y julio de este año, en Manizales se presentaron 138 delitos sexuales y en Armenia 93, lo que sumados da 231 casos, una cifra menor que lo reportado por Pereira sola.

El Departamento desafortunadamente tampoco escapa a este doloroso flagelo. Del informe de Medicina Legal se desprende que entre el primero de enero y el 30 de junio de este año se presentaron en Risaralda 415 casos de delitos sexuales, un dato que igualmente supera el registro de los otros dos departamentos del Eje Cafetero, sumados.

Lo más preocupante de esto es que todos estos registros no reflejan la realidad ni de Pereira, ni de Risaralda,  ni de ninguna ciudad del país. Este es un delito que a pesar de que cada vez se denuncia más, en muchas ocasiones todavía la víctima prefiere guardar silencio y sus familiares no acuden a las autoridades, bien de miedo de las represalias que pueda tomar el agresor, o bien porque la mayoría de las veces el agresor es una persona cercana a la víctima y a su familia.

Casi siempre el victimario amenaza a la víctima, especialmente cuando se trata de un menor de edad que vive bajo el mismo techo de sus agresor, de hacerle daño a ella, o a sus padres o hermanos, si cuenta los vejámenes a los que está siendo sometida o los pone en conocimiento de las autoridades.

Es urgente para combatir esta conducta delictiva, que, de un lado las víctimas recurran a las autoridades a poner la denuncia respectiva y del otro que estas ajusten los mecanismo de vigilancia y control que permitan detectar tempranamente cualquier señal de riesgo para las víctimas; así como los medios especialmente tecnológicos a través de los cuales los  victimarios están logrando llegar a sus víctimas.

 

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