Suplicando, no es bueno

Nada bueno puede esperarse de un nuevo intento de conversaciones donde el que llega suplicando es el Gobierno. 
Todo lo que se haga por desescalar el conflicto armado y acabar con la violencia que está afectando sin ninguna consideración a la población civil, merece el esfuerzo del Gobierno y de las personas y organizaciones que han venido acompañando los distintos procesos de paz y debe ser bienvenido, siempre y cuando las concesiones que se hagan sean razonables y sobre todo haya muestras cierta de voluntad de paz de los participantes.
No tiene sentido seguir conversando y, sobre todo, entregando todo lo que exigen los grupos que están sentados a la Mesa supuestamente para buscar un acuerdo y acabar una guerra que ya ni siquiera el enemigo es el Estado sino los otros grupos ilegales, si no hay interés de hacerlo y lo único que buscan es ganar espacio, fortalecerse, salir del control de Gobierno y obtener toda clase de beneficios.
El Eln no es la primera vez que se sienta a la mesa a conversar con el Gobierno, ni es la primera que engaña a quienes de buena fe creen que ahora sí hay interés de dejar sus andanzas e integrarse a la vida en sociedad.
Cada vez hace lo mismo, dice estar dispuesto a dialogar, pone condiciones, exige toda las extravagancias posibles e inicia un intermitente proceso que interrumpe cada que se le agotan los beneficios, o que se le antoja, mientras sigue asesinando campesinos y soldados, poniendo bombas, violentando niños, secuestrando, atentando contra la población y, por supuesto, con su ilícito negocio de la droga.
Esta vez no ha sido la excepción. Rápidamente, cuando empezó el gobierno Petro, dijo estar dispuesto a hacer parte de la paz total. Se sentó a la Mesa, previo se le otorgaron todas las concesiones, y desde entonces no ha hecho sino chantajear al Gobierno.
Desde diciembre del 2022 cuando el Presidente anunció un cese bilateral al fuego y fue inmediatamente desautorizado por el jefe del Eln, este grupo no ha hecho más que contradecir al Ejecutivo, echarle la culpa de todo, suspender los diálogos, levantarse de la mesa y seguir matando.
Ahora, el Gobierno, luego de que el presidente Petro dijera que el Eln había despedido con sangre los diálogos de paz después de que grupo terrorista atacara con explosivos y asesinara a una docena de soldados en Arauca, acepta llegar de rodillas nuevamente a la Mesa de diálogos y nadie sabe después de haberle entregado cuántos benéficos y otorgado qué concesiones y no sin antes de haber sido tratado de mentirosos por los jefes guerrilleros.
Nada bueno puede esperarse de un nuevo intento donde el que llega suplicando es el Gobierno. El país todavía guarda esperanza en que el conflicto se pueda resolver conversando; pero para eso es absolutamente indispensable que haya verdadero interés de la guerrilla de hacer la paz y es al Eln a quien le corresponde demostrarlo, no al Gobierno.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

Cada vez peor

Sin ninguna autoridad

- publicidad -