Cien años después, Pereira le debe mucho a esta institución. Le debe no solo obras, sino ejemplo. No solo historia, sino futuro.
Hay fuerzas que no hacen ruido, pero que transforman. Voluntades que no buscan reconocimiento, pero dejan huella. Así ha sido, desde hace cien años, la presencia discreta, pero decidida de la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, entidad cívica por excelencia, semilla y raíz de todas las obras que hoy le dan forma, alma y dignidad a nuestra ciudad.
El 2 de mayo de 1925, cuando Pereira era apenas un caserío con sueños de urbe y sus incipientes dirigentes entendieron que la pequeña ciudad no podía cruzarse de brazos ante la indiferencia nacional y la malquerencia regional, una veintena de hombres y mujeres visionarios decidieron tomar las riendas del progreso. Identificaron necesidades en infraestructura, educación, salud y cultura, y, con determinación, las convirtieron en proyectos concretos que han dejado una huella imborrable en la ciudad.
La Sociedad de Mejoras Públicas ha estado presente en cada etapa del crecimiento de Pereira. Ha sido la gestora, promotora e impulsora de todas las grandes obras públicas que definen el rostro urbano y el espíritu colectivo de Pereira. El Aeropuerto Matecaña, la Villa Olímpica, el Zoológico, la Universidad Tecnológica, la carretera a Armenia, la vía a Cartago, la Plaza de Bolívar, los parques, los monumentos, los jardines, el mobiliario urbano y tantas otras iniciativas que a veces parecen invisibles pero que están ahí, en cada espacio de la ciudad
No ha habido rincón de la ciudad que no toque su mano generosa. Donde hay vacío, ha sembrado propósito. Donde hay abandono, ha propuesto belleza. Donde hay olvido, ha hecho memoria. Todo lo ha hecho desde el civismo profundo, ese que no se impone ni se proclama, sino que se vive con devoción por lo común, por lo de todos.
Pero más allá de las obras físicas, la Sociedad ha cultivado el alma de la ciudad. Ha fomentado la cultura, la educación y el sentido de pertenencia. Ha sido un faro que guía y un puente que une generaciones en torno al amor por Pereira. Cada empeño de la Sociedad de Mejoras ha sido una reafirmación del compromiso con la ciudad, una manera de decirle “la queremos mejor, más bella, más humana”.
Pero la Sociedad de Mejoras no es solo historia, es también presente. Hoy está tan viva y tan fiel a sus principios, como hace cien años. De la mano de Ana María Cuartas y sus actuales directivos, sigue siendo el corazón cívico de la ciudad, ampliando su mirada hacia los retos del momento, hacia las urgencias actuales y hacia la urbe del futuro. El legado que ellos han recibido no ha sido una reliquia, sino una responsabilidad que honran con compromiso, visión y amor profundo por Pereira.
Cien años después, Pereira le debe mucho a esta institución. Le debe no solo obras, sino ejemplo. No solo historia, sino futuro. Porque cada obra de la Sociedad de Mejoras llevaba consigo fe en Pereira y una certeza en el poder transformador de la ciudadanía organizada.
