Una policía diezmada

Un vacío de este tamaño en los cuadros de mando de la Policía produce incertidumbre en las ciudades donde la inseguridad depende de la capacidad de sus comandantes.

Hoy la Policía Nacional tiene la mitad de los oficiales con rango de coroneles que tenía hace cinco años. De acuerdo con un informe de la propia institución, en el 2020 la Policía contaba con 289 coroneles activos y hoy solo tiene en sus filas 137 oficiales de este rango, lo que significa una disminución del 52.6%. Como un dato simpático, de esta cifra solo nueve son mujeres.
Esta preocupante realidad se repite casi con la misma intensidad en la línea de mayor mando dentro de la institución. Hace diez años la Policía tenía un general full, 12 mayores generales y 16 brigadieres generales, para un total de 29 con rango de general. El año pasado había solo 22 oficiales con esta categoría y hoy apenas hay 16 descontando al general José James Roa quien estaba al frente de la Dirección de Carabineros y Protección Ambiental y fue llamado a calificar servicios la semana pasada.
Es decir que en la actualidad no hay ningún general full activo, solo hay un mayor general en funciones y 16 brigadieres generales, número este que se verá reducido en uno más en los próximos días ante el envió al exterior de la actual Directora de Inspección General y Responsabilidad Profesional de la Policía, brigadier general Olga Patricia Salazar Sanchez, quien irá a una misión diplomática como agregada consular.
Todo esto con un agravante y es que en actualmente solo quedan dos coroneles en el curso de ascenso a brigadier general, luego de que el coronel Juan Carlos Trujillo Colmenares, quien se desempeñaba como comandante de la Regional Siete de la Policía, fuera notificado la semana pasada de sussalida de la institución.
Los coroneles son oficiales que por su rango cumplen una tarea vital en la institución, en el mando de unidades operativas, en la planificación táctica, en la ejecución de estrategias de seguridad y en la interlocución con las autoridades regionales. Su reducción a los niveles actuales genera vacíos en la cadena de mando, retraso en la toma de decisiones y sobrecarga en otros niveles de la jerarquía policial.
Por eso, en momentos en que la situación de orden público es cada día más delicada, las disputas territoriales entre los grupos armados ilegales se agudiza, las organizaciones dedicadas al narcotráfico toman más fuerza, la violencia urbana se desborda y crecen los delitos trasnacionales; es cuando más se requiere de una policía con mando, con jerarquías claras, con capacidad de respuesta rápida y con experiencia para enfrentar el delito.
Un vacío, pues, de este tamaño en los cuadros de mando de la Policía produce, no hay duda, pérdida de cohesión interna y de control sobre su tarea operativa, pero, sobre todo, incertidumbre en las ciudades y regiones donde la inseguridad depende fundamentalmente de la capacidad de los comandantes de la Policía, generalmente oficiales de alto rango.

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