La trata de personas

Lo que sale a la luz pública sobre niñas y adolescentes que desaparecen de su entorno familiar y en realidad han sido reclutadas por las redes criminales, es mínimo frente a lo real.
No por haber disminuido los registros que llevan las autoridades sobre el abominable delito de la trata de persona en la ciudad, en lo que va corrido del presente año solo han recibido una denuncia, significa que este hecho haya desaparecido o esté en proceso de desaparecer en la región.
Por el contrario el Departamento y el Eje Cafetero en general, son una de las regiones del país donde esta práctica se presenta con mayor frecuencia e intensidad. La pobreza, la falta de oportunidades laborales, la descomposición familiar, las especiales características físicas de las mujeres de esta tierra y los avances de las comunicaciones, han contribuido al crecimiento de este mal.
Lo peor de esto es que cada vez las organizaciones dedicadas a este crímen actúan de manera más organizada y sofisticada y sin dejar rastros o evidencias que permitan ser detectadas por las autoridades o conocidas por las entidades encargadas de combatir este delito y de prevenir a las comunidades sobre sus riesgos.
Acciones y procedimientos casi imperceptibles y focalizados en comunidades que cumplan con unos patrones ya establecidos para este tipo de delitos, han facilitado el accionar con éxito de las redes encargadas de seleccionar sus víctimas, de acercarse a ellas, de ganarse su confianza y luego de envolverlas por su oscuro mundo.
De allí el bajo subregistro de los casos de trata de personas en la región, mientras en la práctica el delito crece. Lo que sale a la luz pública sobre niñas, especialmente adolescentes, que desaparecen de su entorno familiar y en realidad han sido reclutadas por las redes criminales, es mínimo frente a lo que de verdad sucede.
Casi siempre cuando sus padres o familiares se enteran de lo que realmente pasó con sus hijas, prefieren no recurrir a las autoridades y soportar en silencio el trago amargo que están pasando, por temor a las represalias que puedan tomar con la víctima las redes delictivas que la están explotando.
Otra razón por la cual los registros son tan bajos es porque las gestiones ante las autoridades para lograr que estas actúen no solamente en el país, sino cuando la víctima ya está sometida en el exterior a los vejámenes de la trata de personas, se hacen casi i mposibles y sus resultados son prácticamnte nulos.
Es urgente entonces, que las autoridades encargadas de prevenir y combatir este delito, adelanten campañas educativas y de información a los adolescentes y a sus familias sobre los riesgos que ofrece la sociedad de hoy y las facilidades que dan las redes sociales para engañar a los menores con falsas promesas y que en la práctica resultan ser señuelos que conducen a una exploración sexual.

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