Así, lo que tendrá para entregar a su sucesor dentro de un año, es un país vuelto tirones, fiscalmente herido de muerte y en manos de la ilegalidad, del crimen y de los corruptos.
Empieza hoy el último año de su mandato constitucional el presidente Gustavo Petro. Pocas veces un mandatario llega al remate de su gobierno con tan pocas realizaciones y con un historial de conflictos al interior de su gobierno y fuera de él, de investigaciones por corrupción, de señalamientos por su comportamiento público y privado, de fracasos en su intento por hacer las reformas que prometió en campaña, de intentos por torcerle el pescuezo a la Constitución y a la ley, y de enfrentamientos con el Congreso, con las altas cortes y prácticamente con todas las instituciones; como ahora.
El último año es tal vez el período más complejo para un gobernante, dada la agenda política y electoral que se surte paralelamente al ejercicio de gobierno y la presión que recibe no solo de sus amigos y aliados políticos para que los compromisos con las comunidades se cumplan y las obras prometidas se construyan, sino de la oposición que aprovecha para hacer más visibles las fallas e incumplimientos del gobierno.
La lista de pendientes del presidente Petro para su último año, es interminable; pero sin duda hay algunas tareas que si el gobierno no las hace, el desastre no solo va a ser monstruoso para su balance, sino que va a poner en una muy difícil posición a quien lo reemplace en el poder, no importa quién sea, ni si sea afín o no a lo que hoy llaman la línea progresista.
Entre las tareas vitales que tiene el Presidente está estabilizar las finanzas públicas, hoy con el mayor déficit de la historia reciente de Colombia. Sin embargo, con semejante descuadre fiscal, mientras el gobierno no recorte el gasto en cerca de 40 billones, será imposible que pueda devolver al país viable fiscalmente.
La segunda tarea, igualmente difícil de cumplir en lo que queda de gobierno, es recomponer el orden público. Hoy el país está en manos de los grupos armados ilegales que se pelean los territorio dedicados al negocio de la droga, de las organizaciones delictivas que tienen azotados pueblos y ciudades, y de las trasnacionales del crimen que han permeado lo más altos círculos del poder; y mientras las fuerzas del orden sigan cada vez más diezmadas y maniatadas, aquello no se logrará.
El tercer reto que tiene el Presidente es tranquilizar el sistema de salud. El país lleva tres años de turbulencia en la prestación del servicio de salud y si no se le devuelve de inmediato la estabilidad, al final del gobierno no va a haber ni sistema, ni entidades que lo presten, ni dinero para sostenerlo, ni legislación que respalde su operación.
Ojalá, el Presidente entienda que se le agota el tiempo y corrija el manejo, de espaldas a la realidad y alimentando el odio y la venganza, que le ha dado en estos tres años al país, porque de lo contrario lo que va a tener para entregar dentro de un año a su sucesor, es una nación hecha tirones, fiscalmente herida de muerte y en manos de la ilegalidad, del crimine y de los corruptos.
