Lista para servir donde la necesiten

En el Centro Educativo San Antonio de Padua, se encuentra una mujer decidida, valiente y con un enfoque en las necesidades de las comunidades que impacta desde su labor.

La docente Libia Mosquera Echeverri cuenta con 36 años de experiencia en los sectores más vulnerables de Pereira, porque su vocación y decisión es el servicio a los demás, como ella misma lo expresa tempranamente en la entrevista. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Dedica la vida entera al trabajo social con niños y mujeres, y a los proyectos productivos que transforman vidas.

Memorias

¿Cuál fue la primera escuelita donde la mandaron hace casi 40 años? “Empecé en una escuela llamada Concentración América mixta, por allá cerquita del río Otún, cerca también de San Judas”. Bueno, y esa experiencia, uno joven, recién nombrado, en San Judas, que tiene sus connotaciones sociales y no las podemos negar. ¿Cómo le pareció? ¿Cómo le fue? “Todavía no estaba nombrada, pero tenía mucha alegría porque de mi mamá aprendí que estamos donde se necesita. Llegué a servir, me fue bien y me enamoré. Me enamoré de la docencia porque yo no pensaba ser maestra, pero me enamoré de la docencia en la práctica”. Ah, ese detallito no lo conocía. ¿Y qué tenía en sus planes antes de la docencia? “Tenía pensado, por ejemplo, la arquitectura o la ingeniería, algo así, pero me enamoré de la docencia y de estar con los niños, ante todo, con los niños”.

Otros espacios

¿Siempre ha estado en primaria o ha hecho algunos campos en bachillerato? “He trabajado en bachillerato y en universidad porque también estudié Contaduría Pública aparte de la licenciatura en Educación Preescolar, pero definitivamente es con los niños eso es… Yo siempre digo que soy una aprovechada, porque ellos son un bálsamo para la vida”.

Retos

Profe, entre todas las averiguaciones para esta entrevista y todo eso, me contaron que a usted le gusta lo que no es tan fácil de conseguir, le gusta ir donde nadie quiere ir. Cuéntenos un pedacito de cómo es que en la acción muchos le hagan el feo a ciertos barrios, entonces usted levanta la mano y dice yo voy.

“Precisamente por lo que les conté, mi mamá siempre decía hay que estar donde nos necesitan y a eso vinimos, a servir. Entonces empecé mis experiencias así pidiendo, por ejemplo, que me dejaran en el sector que ahora es Victoria, que era el sector de la galería y trabajamos allí con una fundación muy importante, la Fundación Cultural Germinando. Luego empezaron a reubicar a todas las personas en Las Brisas y allí no había escuela, para allá me fui a trabajar con los niños, una experiencia hermosa trabajando en la calle sin escuela, de ahí para otra escuela en Las Palmas. Bueno, en fin, siempre pidiendo esos lugares donde en realidad hay forma de servir, servir mucho”.

La causa

Usted apoya bastante la causa femenina. Eso le nació por ser mujer o por como vio la situación, la realidad de muchas mujeres en estas comunidades, ¿qué la motivó? “Yo viví una situación muy difícil cuando estaba casada y era opacada absolutamente. Cuando yo empecé a salir a trabajar en una parte y otra, estuve en formación de liderazgo para mujeres y empecé con las comunidades a trabajar con las mujeres, pero no tanto a darles cosas, sino a montar proyectos productivos con ellas”.

¿Cómo lo hace? “Consigo quien apadrine y le ayudo a las personas, por eso estudié Contaduría precisamente, no porque me llamara la atención, no, sino para poder montar los proyectos productivos de una manera que en realidad viera el resultado. A ellas les digo a ver qué saben hacer, hay que salir de esto y luego me puse y estudié Orientación familiar para ayudarles a salir, porque yo que estuve ahí, sé lo difícil que es salir”.

¿Tiene un conteo de cuántas mujeres tienen un proyecto productivo, cuántas lo han logrado? “Que yo sepa, en este momento todavía están activos solo dos. Han sido muchísimas, muchísimas y bueno, desafortunadamente algunas lo dejan caer, pero hay una que, por ejemplo, en este momento tiene su propia fábrica de confecciones. Y la otra, que es rural, ella tiene su crianza de pollos, tiene todo muy bien organizado. ¿Y las demás? Por ejemplo, una que tenía un proyecto productivo de chanclas, ella de un momento a otro entró en quiebra y dijo, no más, no quiero más esto y lo dejó”.

Ahora, ¿en qué anda con la ayuda social, con quién está trabajando en este momento? “Ando acá en el Centro Educativo San Antonio de Padua con los niños, me enfoco mucho en la permanencia, en tratar de que los niños vuelvan. Yo miro las necesidades de las familias y me voy a mirar qué sabe hacer usted, cómo montar un proyecto productivo, pero un proyecto productivo no puede arrancar de una vez, como tenga el plante y arranque, no, primero hay que llenar la pancita porque con hambre queda muy difícil, se empiezan a gastar el plante, entonces consigo quien subsidie mientras tanto  su alimentación”.

        “A mí me regalan ropa, zapatos, muebles, de todo, porque desde 1995 estoy haciendo obra social, entonces por ejemplo, si la ropa no está en muy buen estado, la lavo, la organizo, la coso para luego entregarla a las personas”.

“No voy y reparto y ya, no. Hago las visitas, me meto hasta la cocina, miro qué necesidad real hay”. La profe Libia, en algunos casos, cuando alguna mujer le dice que quiere hacer algo pero necesita formación, también ha gestionado los cursos.

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