El dólar se ha devaluado en los últimos días, ubicándose por debajo de los $3.900. Este comportamiento obedece a la desaceleración de la economía estadounidense, expectativas frente a la Reserva Federal y tensiones comerciales.
El dólar en Colombia atraviesa una fase de debilitamiento que ha sorprendido a empresarios, exportadores y consumidores. La divisa, que en meses anteriores superaba los $4.500, ha mostrado descensos significativos, generando tanto oportunidades como riesgos para la economía nacional y regional.
De acuerdo con economistas, la tendencia a la baja responde a múltiples factores. Entre ellos, la expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos reduzca sus tasas de interés, lo que resta atractivo al dólar como inversión. A esto se suma la pérdida de fortaleza de la divisa frente a otras monedas, la confianza que han generado las decisiones del Banco de la República en materia de tasas y la mejora de la balanza de pagos del país.
Los beneficiados
En este contexto, los sectores importadores y consumidores de bienes extranjeros aparecen como los más favorecidos. “Un dólar bajo significa menores costos para adquirir maquinaria, tecnología e insumos, lo que incluso contribuye a disminuir la presión inflacionaria”, explicó Clara Inés Pardo, profesora de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario. También señaló que el turismo hacia el exterior se vuelve más atractivo para los colombianos, así como el pago de deudas en dólares resulta más favorable.
“Cuando la moneda se revalúa, hay una oportunidad para el importador. Somos una economía que importa más de lo que exporta. Muchas de estas importaciones se utilizan como materia prima para futuras exportaciones. Eso también lo vemos en una perspectiva positiva: las exportaciones colombianas podrían alcanzar una mayor competitividad en el futuro”, expresó Sebastián Chacón Marín, director de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional de la Universidad Politécnico Grancolombiano.
Los afectados
No obstante, el panorama es menos alentador para quienes reciben pagos en dólares, como freelancers o trabajadores de empresas internacionales. La experta recomendó planificar con cuidado. “Si no es urgente cambiar a pesos, conviene esperar un eventual repunte. De lo contrario, es necesario ajustar los presupuestos a la baja en los ingresos”, afirmó Pardo.
En el caso de las remesas, el efecto es similar. Risaralda, que se ubica como el departamento del Eje Cafetero que más recibe este tipo de dinero, experimenta una reducción en el poder adquisitivo de los hogares cuando hacen efectivo el cambio de dólares a pesos. “Las remesas en Risaralda, si bien afectan a las familias al recibir menos dinero por el cambio, también muestran un aumento considerable en su flujo total”, agregó Chacón.
Este incremento responde a varios factores, entre ellos los anuncios del gobierno de Estados Unidos. El presidente Donald Trump ha planteado la posibilidad de gravar las remesas a partir de 2026, lo que ha llevado a muchos migrantes a enviar mayores montos de manera anticipada. En consecuencia, las cifras globales reflejan un flujo creciente de divisas hacia el país.
¿Qué depara el dólar?
Sobre las proyecciones, la incertidumbre sigue siendo alta. Analistas estiman que, hacia final de año, el dólar podría ubicarse entre $4.150 y $4.550, dependiendo de las decisiones de política monetaria en Estados Unidos, de las reformas fiscales en Colombia y del contexto de tensiones internacionales.



