La misión de la Cárder es salvarlo

El Mono Nocturno Andino: un guardián de los bosques

El mensaje es claro: salvar al mono nocturno andino no es solo una tarea de expertos, sino una responsabilidad compartida.

En lo más profundo de los bosques montañosos de Colombia habita un pequeño primate de ojos grandes y vivaces: el mono nocturno andino (Aotus lemurinus). Su presencia, aunque discreta, resulta vital para la salud de los ecosistemas andinos, pues cumple una función clave como dispersor de semillas, ayudando a regenerar los bosques que cobijan innumerables especies de flora y fauna. Sin embargo, este primate enfrenta un futuro incierto: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica como Vulnerable a la extinción debido a la pérdida masiva de su hábitat, la fragmentación de los bosques, la cacería, el tráfico ilegal, los usos biomédicos y los impactos del cambio climático.

En Colombia, se distribuye principalmente en las cordilleras Central y Oriental, habitando entre los 1.000 y 3.200 metros sobre el nivel del mar. Se le puede encontrar tanto en bosques primarios como en secundarios, e incluso en fragmentos dentro de áreas agrícolas. Su pelaje grisáceo lanudo, vientre amarillo o anaranjado y cola de punta negra lo convierten en una especie inconfundible dentro de la fauna andina.

Poblaciones fragmentadas

Aunque no existen cifras globales exactas sobre el tamaño poblacional del mono nocturno andino, los estudios disponibles muestran que sus poblaciones son reducidas y se encuentran fragmentadas. En el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya, en Risaralda, se ha estimado una densidad cercana a los 39 individuos por kilómetro cuadrado, mientras que en fragmentos boscosos del Valle del Cauca se han registrado densidades mucho mayores —más de 100 individuos por kilómetro cuadrado—, un indicio de hacinamiento por la escasez de hábitats continuos. Estas variaciones reflejan no solo la adaptabilidad de la especie, sino también la presión que enfrenta al quedar confinada en pequeños relictos de bosque.

Plan de manejo de la Carder

Frente a esta situación, la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Cárder) ha asumido un papel de liderazgo en la conservación del mono nocturno andino. En articulación con biólogos, investigadores y aliados estratégicos, la entidad adelanta la formulación de un plan de manejo específico para la especie, con el objetivo de identificar sus amenazas, comprender mejor su biología y proponer alternativas efectivas para su protección.

El plan incluye la implementación de estrategias de monitoreo en áreas protegidas, con el fin de conocer el estado poblacional, la distribución y los principales riesgos que enfrenta este primate en su hábitat natural. Estos estudios han permitido registrar datos valiosos sobre su comportamiento alimenticio, desplazamiento, interacción social y uso del territorio, información fundamental para diseñar estrategias de conservación basadas en evidencia.

Además, la Cárder ha promovido talleres técnicos y participativos en los que comunidades locales, jóvenes y líderes rurales han contribuido con sus conocimientos y percepciones a la construcción colectiva del plan. Este enfoque participativo busca no solo conservar al mono nocturno andino, sino también generar un sentido de pertenencia y corresponsabilidad en torno a su protección.

Amenazas persistentes

El diagnóstico realizado por la Cárder coincide con las conclusiones de la comunidad científica: el mono nocturno andino enfrenta un abanico de amenazas. La deforestación para ganadería y agricultura ha reducido drásticamente los bosques donde habita; las líneas eléctricas representan un riesgo constante de electrocución; la cacería y el tráfico ilegal diezman sus poblaciones; y el cambio climático compromete la estabilidad de los ecosistemas de montaña, obligando a la especie a buscar refugio en espacios cada vez más limitados.

Un capítulo aparte lo constituye su uso en la investigación biomédica. Por décadas, el mono nocturno andino fue capturado de manera masiva debido a su susceptibilidad a la malaria, lo que lo convirtió en un modelo animal para experimentación. Si bien hoy existen alternativas en cautiverio y otros métodos de investigación, aún se han presentado intentos de captura con fines científicos. En 2012, por ejemplo, un fallo judicial en Colombia detuvo la captura de 4.000 ejemplares destinados a experimentación, marcando un hito en su defensa.

Papel ecológico

La posible extinción del mono nocturno andino tendría consecuencias graves para los ecosistemas. Al alimentarse principalmente de frutas, estos primates dispersan semillas en los bosques, favoreciendo la regeneración de la vegetación y contribuyendo a mantener la diversidad biológica. Su desaparición implicaría una alteración del equilibrio natural, afectando no solo a otras especies de fauna y flora, sino también a las comunidades humanas que dependen de los servicios ecosistémicos que brindan los bosques.

Educación y sensibilización

Conscientes de que la conservación de la especie no depende únicamente de acciones técnicas o legales, la Cárder ha puesto en marcha programas de educación ambiental orientados a sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia ecológica del mono nocturno andino. Estas actividades incluyen charlas en colegios, encuentros con comunidades rurales y campañas en medios locales, en las que se resalta el rol de este primate en la regeneración de los bosques y la necesidad de protegerlo de la cacería y el tráfico ilegal.

La participación comunitaria ha demostrado ser un pilar en este proceso. En muchos casos, son los mismos campesinos quienes reportan avistamientos, apoyan labores de monitoreo o colaboran en la restauración de corredores biológicos que permitan conectar fragmentos de bosque. Esta alianza entre ciencia y comunidad es clave para asegurar el éxito del plan de manejo.

Mirando hacia el futuro

El reto de conservar al mono nocturno andino exige un enfoque integral que combine la protección del hábitat, la reducción de amenazas directas, la educación ambiental y la cooperación interinstitucional. La labor de la Carder constituye un paso decisivo, pero requiere del compromiso sostenido de autoridades nacionales, ONG, universidades y comunidades.

Como lo expresó la bióloga Daniela Ospina, integrante del equipo de la autoridad ambiental: “Desde el equipo de conservación de especies amenazadas de fauna de Cárder, se viene desarrollando un proceso de conservación enfocado en la formulación del plan de manejo del mono nocturno y otros lemurinos. Este trabajo incluye la puesta en marcha de estrategias de monitoreo en áreas protegidas y talleres participativos que permiten la construcción colectiva de este plan”.

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