Las aves rapaces aprenden a ser salvajes otra vez
En medio de los verdes paisajes de Risaralda, un trabajo silencioso pero vital se desarrolla a diario: devolver a las aves rapaces su capacidad de volar libres. Esta misión es el corazón del Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces San Isidro (CRARSI), una institución ubicada en Pereira que desde hace 25 años se dedica a la recuperación de halcones, águilas, búhos, gavilanes y otras especies de aves de presa que han sido víctimas de tráfico ilegal, maltrato o lesiones. Este esfuerzo es posible gracias a la colaboración de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda, Cárder, autoridad ambiental que canaliza y apoya este proceso de conservación.
Cada año, la Cárder firma un contrato con el CRARSI que permite trasladar al centro todas las aves rapaces que reciben una primera atención en el hogar de paso de la entidad. Allí, las aves son estabilizadas y diagnosticadas, y luego son enviadas al CRARSI para que continúen un proceso especializado de rehabilitación que les permita, en la medida de lo posible, volver a su entorno natural. Esta alianza ha convertido a Risaralda en un referente nacional en el manejo ético y técnico de fauna silvestre.
En favor de la biodiversidad
Durante más de dos décadas, ambas entidades han mantenido un convenio continuo de cooperación que ha permitido atender cientos de casos de aves rapaces provenientes no solo de Risaralda, sino de otras regiones del país. Mientras la Cárder actúa como autoridad ambiental, encargada de decomisar y rescatar fauna silvestre, el CRARSI se especializa en la recuperación de las capacidades naturales de estos animales.
“Nosotros llevamos 25 años en Pereira y hemos rehabilitado un número muy grande de aves rapaces provenientes de la autoridad ambiental de todo el país. Actualmente tenemos un convenio de trabajo con la Cárder, donde recibimos sus aves rapaces y, por medio de técnicas especializadas, las rehabilitamos y posteriormente las devolvemos a la naturaleza”, explica Alex Ospina, director ejecutivo y fundador del CRARSI.
La coordinación entre ambas entidades es clave: la Corporación Autónoma garantiza el marco legal y el transporte de los ejemplares, mientras que el CRARSI aporta su experiencia y su infraestructura. Gracias a este trabajo conjunto, especies como el águila real de montaña (Spizaetus isidori), el halcón peregrino (Falco peregrinus) o el búho currucutú (Megascops choliba) han podido volver a surcar los cielos de Colombia.
Cetrería
Lo que hace único al CRARSI es su uso de técnicas inspiradas en la cetrería, el arte milenario de entrenar aves de presa. Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010, la cetrería tradicionalmente consistía en criar y adiestrar halcones, águilas y otras rapaces para la caza. Sin embargo, en Colombia la cetrería deportiva está prohibida: no se permite la tenencia de fauna silvestre en cautiverio ni su caza con fines recreativos.
El CRARSI ha adaptado este arte ancestral a un propósito de conservación. En lugar de mantener a las aves en cautiverio, utiliza las técnicas de la cetrería como herramienta para reentrenarlas y devolverles sus habilidades naturales de vuelo y caza. “Usamos las técnicas de ese antiguo arte que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, y con esos ejercicios logramos rehabilitarlas, para posteriormente liberarlas en su hábitat, preferiblemente de donde provienen”, afirma Ospina.
Este entrenamiento es un proceso complejo que requiere paciencia y conocimiento del comportamiento animal. Los especialistas comienzan por establecer confianza con el ave, usando señuelos y refuerzo positivo para incentivar sus conductas de caza. Poco a poco, incrementan la distancia y dificultad de los vuelos hasta que las rapaces recuperan su fuerza, coordinación y agilidad. Incluso emplean drones para simular presas en movimiento, logrando que las aves practiquen persecuciones realistas sin riesgo de escapar prematuramente.
De la recuperación a la libertad
El objetivo final de este proceso es siempre la liberación de las aves rehabilitadas. Antes de tomar esa decisión, el equipo del CRARSI evalúa cada caso minuciosamente. Solo los ejemplares que recuperan plenamente su capacidad de volar y cazar por sí mismos son devueltos a la naturaleza. Siempre que es posible, se liberan en el mismo ecosistema del que fueron rescatados, para maximizar sus probabilidades de supervivencia.
La Cárder acompaña este proceso, brindando soporte logístico y legal. Las liberaciones suelen realizarse en áreas protegidas, con presencia de funcionarios de la autoridad ambiental que certifican que el individuo está apto para retornar a su hábitat. Este trabajo coordinado no solo contribuye a la recuperación de cada ave, sino que fortalece los ecosistemas locales, donde las rapaces cumplen un papel clave como controladoras de poblaciones de roedores y otras especies.
No todas las aves logran regresar a la vida silvestre. Aquellas que sufren lesiones irreversibles o que han perdido su miedo natural a los humanos —un fenómeno conocido como impronta— permanecen en el CRARSI, donde reciben cuidados de por vida. Muchas de ellas se convierten en aves embajadoras utilizadas en programas de educación ambiental que buscan sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de proteger la fauna silvestre y denunciar el tráfico ilegal.
Una experiencia reconocida
El trabajo conjunto de la CARDER y el CRARSI ha sido reconocido en conferencias internacionales especializadas en aves rapaces, donde se ha destacado su enfoque innovador. Además, el centro ha recibido ejemplares de diversas autoridades ambientales de todo el país, consolidándose como un referente nacional en la rehabilitación de aves de presa.
Este reconocimiento no es casual. La combinación de conocimiento técnico, respeto por el bienestar animal y aplicación de un arte ancestral como la cetrería ha permitido resultados notables. Decenas de aves que alguna vez fueron víctimas del tráfico ilegal o la tenencia indebida han podido regresar a volar libres gracias a esta labor silenciosa pero trascendental.



