Arte para sanar lo que callamos

Hablar, pintar, liberar es la propuesta de Paula Sabogal Vanegas, quien explica que sanar no siempre requiere palabras, sino la valentía de mirar hacia adentro y darle color a lo que el alma calla.

La psicóloga clínica encontró en el arte un camino para ayudar a las personas a reconocer y liberar lo que las palabras a veces no logran expresar. Desde hace ocho años trabaja de manera independiente en procesos emocionales, su taller ‘Sanar a través del arte’, busca justamente conectar con las emociones desde los colores, las formas y los símbolos.

Cómo funciona

“Acompaño los procesos terapéuticos, porque en terapia lo usual es hablar, pero hay otras líneas como la Arteterapia, donde se puede trabajar con pintura, danza, escritura o teatro. Es una especie de matrimonio entre el arte y la terapia. El arte permite sacar las emociones de una forma más libre y directa desde el inconsciente”.

La psicóloga explica que tenemos conciencia e inconsciencia; la conciencia es lo que sabemos de nosotros mismos, y la inconsciencia es el sótano de la mente, donde están muchas cosas que desconocemos, pero que dominan nuestra vida. “Descartes decía que ‘Hasta que lo inconsciente no se vuelve consciente, uno seguirá repitiendo las mismas historias y les llamará destino’. El taller busca justamente eso, hacer consciente el inconsciente y el arte es un vehículo muy poderoso, sobre todo la pintura, porque cuando pintas, empiezas a expresar símbolos, igual que cuando sueñas”.

Procesos

El taller dura entre tres y cuatro horas, es un espacio donde la persona vive un proceso con inicio, nudo y desenlace. “No es que en una sesión ya esté sanado el niño interior, pero sí se hace una primera capa de sanación, se reconocen heridas, se les da un lugar y se trabaja con ellas desde la conciencia y lo manual. Es algo intensivo, una jornada que deja huellas simbólicas”.

¿Y cuántas personas participan? ¿Cómo es la dinámica? “Más o menos 15 o 20 personas por sesión, empezamos con ejercicios de introspección guiada, cada uno tiene su propia experiencia y luego la plasma en el lienzo o el papel”.

Paula Sabogal indica que después hay un espacio de socialización y el que quiere puede compartir su proceso, mientras que otras personas prefieren mantenerlo privado. “Es muy lindo porque los asistentes se dan cuenta de que lo que les pasa, no les pasa solo a ellos. Se genera un ambiente de apoyo, casi como un pequeño club donde se reconocen las experiencias humanas comunes”.

¿Y qué pasa si usted nota algo preocupante en una pintura? ¿Trabaja aparte con la persona? “No, el taller no es un test ni una interpretación psicológica del dibujo, no se trata de descifrar, sino de crear, lo que buscamos es reparar. La mayoría de las personas tenemos heridas de infancia porque nuestros padres nos criaron con las herramientas que tenían, muchas veces desde sus propios traumas”.

¿Los asistentes deben saber pintar o tener experiencia artística? “Para nada, no se necesita ningún conocimiento previo, allá se proporcionan los materiales, la guía y la técnica”.

Terapia

La historia de esta técnica se remonta a su uso como método curativo, a finales del siglo XIX, el psiquiatra suizo Carl Jung vio un gran potencial en el arte como forma de comunicación no verbal para que los pacientes expresaran sus emociones, pero su formulación como disciplina moderna ocurrió a mediados del siglo XX. Se considera que el artista británico Adrian Hill acuñó el término en 1942, fue impulsado por el uso de la pintura y el dibujo para tratar a soldados con problemas psíquicos después de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

La disciplina se expandió a nivel internacional a partir de la década de 1960, con terapeutas trabajando con niños, adultos y personas mayores. El reconocimiento profesional y la práctica comenzó a visibilizarse como una forma legítima de tratamiento en salud mental. Ya para 1964, se fundó la Asociación Británica de Arteterapeutas y en 1969 la Asociación Americana de Arteterapia.

“Solo hay que tener ganas de pintar y de transformar. Lo importante no es la estética, sino lo que se mueve adentro”.

La idea de la psicóloga Sabogal es que se pueda hacer un taller mensual.

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