Las autoridades respectivas están a tiempo de hacerlo para que al final de la actual temporada de Navidad y Año Nuevo, no se esté lamentando las abultadas cifras de personas intoxicadas.
Diciembre es tradicionalmente una época aprovechada por personas inescrupulosas para distribuir y comercializar licor adulterado. Estos delincuentes, valiéndose del alto nivel de consumo y de la informalidad de las celebraciones decembrinas, distribuyen y venden indiscriminadamente este producto sin ninguna consideración.
Las salas de urgencias de los hospitales, de las clínicas y en general de los centros de salud del departamento, se llenan de personas que se han visto obligadas a recurrir a ellas en busca de atención médica luego de haber consumido bebidas adulteradas en establecimientos de diversión, especialmente nocturnos.
El licor adulterado es un producto que contiene generalmente metanol, una sustancia altamente tóxica que se utiliza en solventes industriales y no es apta para el consumo humano y que al ser metabolizado por el cuerpo, se convierte en formaldehído y ácido fórmico, compuestos que son altamente dañinos para el sistema nervioso y especialmente para el nervio óptico y los tejidos del sistema ocular.
Decenas de personas cada año padecen de neuropatía óptica tóxica e inclusive, que pierden completamente la visión como consecuencia del consumo de bebidas adulteradas y el no tratamiento médico adecuado e inmediato; y otras tantas, sufren graves secuelas neurológicas o hepáticas e inclusive pueden llegar hasta la muerte.
Lo preocupante de esto es que las autoridades, a pesar de que son precisamente las que les corresponde atender a través de sus hospitales los afectados por este hecho y las que conocen de primera mano los registros de las personas víctimas del consumo de bebidas adulteradas y sus graves consecuencias, no tienen una estrategia clara para combatir este problema.
A hoy ya los centros de salud del Departamento tienen registros de personas intoxicadas por esta causa y no se conoce un solo mensaje, una advertencia y mucho menos una campaña por parte de las autoridades de salud que, de un lado llamen la atención sobre el cuidado al comprar este producto y advierta a los risaraldenses sobre el peligro de consumir licor adulterado y del otro, inviten a tomar todas las precauciones al momento de comprar bebidas alcohólicas y a denunciar los establecimientos donde están recurriendo a este condenable práctica.
Las autoridades respectivas están a tiempo de hacerlo para que al final de la actual temporada de Navidad y Año Nuevo, no se esté lamentando las abultadas cifras de personas intoxicadas, atendidas y hospitalizadas en grave estado, como consecuencia de haber consumido bebidas alcohólicas adulteradas.
