Y, por supuesto, erradicar la violencia en los comentarios, en las expresiones y también en las críticas. El fútbol no puede seguir siendo ese escenario de violencia y muerte que es hoy.
Lo que sucedió esta semana en Armenia con un hincha del Deportivo Pereira que iba a acompañar el equipo a uno de los partidos que ha tenido que jugar en la vecina ciudad por razón del cierre del estadio Hernán Ramírez mientras se hacen los trabajos de construcción de la pista atlética y de modernización, es la degradación total de este deporte.
Cómo es posible que una persona que va tranquilo en su moto, solamente con una camiseta de su equipo favorito, que no está incitando a nadie, que no está hablando del equipo rival y mucho menos del equipo de la ciudad que está prestando su estadio, pueda ser atacado, tumbado de su vehículo y asesinado a la vista de todos, sin una razón lógica.
Se dirá que este es un hecho al márgen del fútbol, que ocurrió por fuera del estadio y ni siquiera a la salida del partido, sino antes de él y en un sitio relativamente distante del estadio; pero se trataba de un hincha del Deportivo Pereira, que estaba identificado con una camisa de su equipo y que iba para el partido que jugaba ese día en Armenia.
Es decir, no era un hecho aislado. Fue un ataque a un hincha de un equipo de fútbol que iba a jugar un partido de campeonato, que iba para el estadio a ver y apoyar su equipo y que fue atacado mortalmente simplemente porque llevaba puesta una camiseta de su equipo y que no les gustaba a los atacantes.
Claro, Armenia puede decir, como reacción a este hecho de violencia, que cierra su estadio para el Deportivo Pereira y los directivos de este equipo, que no vuelven a jugar a Armenia; pero esta no es solución a un problema de intolerancia, de violencia extrema y de degradación del deporte del fútbol que se ha generalizado en todos los estudios y ciudades.
Cerrar el estadio para que allí no se juegue fútbol, es como vender el sofá, en el popular cuento del marido infiel. Puede que no vuelva a haber aficionados del Deportivo Pereira asesinados en Armenia, pero con seguridad que los seguirá habiendo de otros equipos y del mismo Deportes Quindío, cuando se jueguen partidos en esa ciudad.
¿En dónde quedó la famosa fiesta del fútbol de la que se hablaba hace unos años? Esa que convocaba y llevaba al estadio familias enteras, la que convertía un partido en una tarde de alegría y de festejo, la que convertía al vecino de puesto en un amigo, la que llenaba buses y caravanas que viajaban por todo el país acompañando al equipo del alma y la que permitía el diálogo e inclusive la discusión sin confrontación violenta.
Es necesario recuperar el fútbol como sano espectáculo, como encuentro deportivo, como motivo de esparcimiento; y los estadios como templo del deporte, como lugar de diversión, de expresión de civilidad y como motivo de reunión familiar. Y, por supuesto, erradicar la violencia en los comentarios, en las expresiones y también en las críticas. El fútbol no puede seguir siendo ese escenario de violencia y muerte que es hoy.
