¡Qué esperanzas!

Si alguien tiene que dar ejemplo de buen comportamiento, de observancia de la ley y de respeto a la autoridad, es quien aspira a ocupar una curul en el Congreso de la República.
Si algo le está haciendo falta al país y por supuesto a la región en el Congreso de la República, son hombres y mujeres de bien, respetuosos de la ley, que cumplan con sus obligaciones tributarias, honestos, que no abusen del poder, que cuplan con sus obligaciones de ciudadanos, que entiendan el papel que cada persona cumple en la sociedad y que sean capaces de anteponer los intereses generales a los particulares.
Por esto, es que es tan oportuno saber por quién se va votar el próximo 8 de marzo. Quiénes son las personas en las cuales cada ciudadano va a depositar su confianza, quienes van a representar la región en el Congreso y, tal vez lo más importante, qué garantía ofrecen de buen comportamiento, de honradez y de respeto a ley.
Qué garantía de todo esto, por ejemplo, le puede dar a los ciudadanos un candidato al Congreso que ante el llamado de una autoridad de tránsito por la supuesta transgresión de una norma, la respuesta sea desatender la solicitud, desafiar la autoridad,  amenazarla con ejercer un poder que no tiene y, para completar, seguirla violando y añadirle cuatro o cinco faltas más.
Si este fue el comportamiento del aspirante a la Cámara de Representantes por el Partido Conservador Huber Nelson Guisao Guisao, cuando un guarda de tránsito le pidió la licencia de conducción y los documentos del vehículo y le solicitó mover el carro porque estaba aparcado en zona prohibida, cómo será si llega a ser elegido representante el próximo 8 de marzo.
Si el señor Guisao consideró que el guarda de tránsito estaba cometiendo una irregularidad o se estaba excediendo con él, lo que debió hacer fue elevar una queja o hacer la denuncia correspondiente ante los organismos de control, una vez atendiera, claro está, la solicitud del funcionario y retirara el vehículo de lo prohibido.
Pero nunca enfrentar la autoridad, por equivocada que estuviera, ni desafiarla, ni negarse a mostrar la licencia, ni amenazar con denunciarla ante una veeduría que supuestamente él ejerce y mucho menos faltarle al respeto y cometer ante sus ojos todas la violaciones posibles a la ley de tránsito: violar vía, pasarse el rojo el semáforo, parquear en prohibido, irrespetar la autoridad y atropellar un motociclista.
Si alguien tiene que dar ejemplo de buen comportamiento, de observancia de la ley, de respeto a la autoridad, de compostura ante cualquier llamado de atención de estas y de acatamiento a los eventuales requerimientos o sanciones impuestas, es quien aspira a ocupar una curul en el Congreso de la República.
El país y el Departamento no pueden tener congresistas que crean que están por encima de la ley, que tienen licencia para no cumplir las normas, que pueden irrespetar a las autoridades y no pasa nada y que no tienen que rendirle cuentas a nadie de sus andanzas. Y tampoco partidos que cubran, toleren y protejan a esa clase de aspirantes.

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