Algo hay que hacer

La única expresión que cabe después de ver todo lo que sucede en esta calzada, es que allí no hay más accidentes de tránsito, ni más muertos, ni más heridos, porque Dios es muy grande.

Las cinco víctimas fatales ocurridas la semana pasada en la doble calzada Pereira – Cerritos, casi todos en cercanías a donde se construye la nueva intersección Galicia, obligan a las autoridades locales y nacionales a revisar la seguridad vial en el que es sin duda alguna uno de los trayectos con más alta siniestralidad del país.
Pereira – Cerritos es un corredor sin dios y sin ley como se dice popularmente. Allí no hay límite de velocidad, nadie respeta las pocas señales de tránsito instaladas, las motos adelantan por todas partes y haciendo toda clase piruetas, los vehículos de transporte público paran a subir y bajar pasajeros sobre la calzada y los peatones cruzan la vía sin el más mínimo cuidado.
Basta pararse al borde de esta vía por unos pocos minutos para estremecerse por lo que allí se observa. La única expresión que cabe después de ver todo lo que sucede en esta calzada, es que allí no hay más accidentes de tránsito, ni más muertos, ni más heridos, ni más tragedias, porque Dios es muy grande.
Todo esto en medio de la ausencia absoluta de las autoridades respectivas. Las locales, han dicho siempre que no hacen presencia porque esa es una vía nacional y por lo tanto no tienen jurisdicción sobre ella; y las nacionales no parecen tener información que está vía existe y que cada 16 horas se registra un accidente grave de tránsito.
Por supuesto, esta es una vía que requiere de muchas cosas. Necesita más señalización, paraderos de buses y busetas, puentes peatonales, iluminación, pavimento señalizado, regresos con mayor visibilidad y urgentemente las intersecciones de Belmonte, Galicia, Ukumarí y Tacurumbi; pero sobre todo vigilancia y control.
Con solo controlar la velocidad, especialmente de los motociclistas, a la que se transita por esta calzada, con absoluta seguridad los accidentes viales se reducirían sustancialmente y con ellos el número de víctimas fatales y de heridos producto de la velocidad, del licor y de la imprudencia de los conductores.
Y si a esto se le añadiera algún control al estado de los vehículos, a sus luces delanteras y traseras, al uso correcto del casco por parte de los motociclistas, al exceso de parrilleros, al transporte de carga voluminosa y pesada, y al cruce irresponsable de los peatones, las dolorosas cifras letales no serían las de hoy.
Algo, pues, hay que hacer y es urgente, así no sea todo lo que pudiera hacerse, para tratar de disminuir los altísimos índices de accidentalidad y sobre todo de víctimas fatales en la doble calzada Pereira – Cerritos y en el corredor vial Cerritos – La Virginia. La ciudad no puede seguir asistiendo de brazos cruzados ante semejante anarquía vial. Las autoridades tienen la palabra.

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