El Lago La Pradera

La contaminación de sus aguas, la erosión de sus márgenes y la disminución de su caudal son evidencias de una crisis que avanza sin que las autoridades actúen con la urgencia que amerita.
El Lago La Pradera, en Dosquebradas, ha sido durante décadas el principal referente ecológico y recreativo de ese municipio. Sin embargo, hoy enfrenta una amenaza silenciosa pero devastadora, la desidia oficial y la voraz expansión urbana que lo rodea. El deterioro progresivo de este espacio natural no es solo un atentado contra el medio ambiente, sino también contra la memoria y calidad de vida de los dosquebradenses.
Lo que alguna vez fue un refugio para especies nativas y un sitio de esparcimiento para las familias, hoy muestra síntomas alarmantes de abandono. La contaminación de sus aguas, la erosión de sus márgenes y la disminución de su caudal son evidencias de una crisis ambiental que avanza sin que las autoridades actúen con la urgencia que amerita. El crecimiento descontrolado de urbanizaciones a su alrededor, impulsado por intereses económicos de corto plazo, está asfixiando este pulmón verde que tanta falta le hace a una ciudad cada vez más densa y poblada.
El riesgo de desaparición del Lago La Pradera no es una exageración. La presión del cemento, la falta de un plan serio de conservación y la permisividad institucional están poniendo en jaque su futuro. No se puede permitir que este patrimonio natural termine convertido en un recuerdo difuso en la memoria colectiva, víctima del modelo de desarrollo que prioriza el lucro sobre la sostenibilidad.
Es indispensable que Dosquebradas y el departamento de Risaralda entiendan que proteger el Lago La Pradera no es un capricho ambientalista, sino una inversión en bienestar, salud pública y disposición frente al cambio climático. Se requieren acciones inmediatas como delimitar zonas de protección, controlar el crecimiento urbanístico, protección de los humedales y drenajes que alimentan el lago, restaurar sus ecosistemas degradados y, sobre todo, establecer medidas que garanticen su preservación a largo plazo.
La ciudadanía también tiene un papel crucial. Es urgente fortalecer los mecanismos de veeduría, exigir la rendición de cuentas y apoyar iniciativas que promuevan la defensa de este espacio. El Lago no es solo de Dosquebradas, es un bien común que pertenece a toda la región y cuya pérdida sería irreparable.
Todavía es tiempo. En buena hora el concejal José Aníbal Chica ha puesto el dedo en la llaga.
La defensa del Lago La Pradera debe ser una prioridad impostergable. El futuro de la relación con el entorno depende de decisiones que no se pueden seguir aplazando. La historia juzgará a quienes, teniendo más que la posibilidad, la responsabilidad de actuar, prefirieron mirar hacia otro lado.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
Artículo anterior
Artículo siguiente
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

Cada vez peor

Sin ninguna autoridad

- publicidad -