Los acuerdos a que se han llegado con el Presidente, a pesar de haber quedado por escrito, “él y sus funcionarios han pasado por alto el dolor y el sufrimiento de los pueblos indígenas”.
Cerca de 4.200 indígenas de la comunidad embera del Departamento viajaron en buses el pasado lunes a Bogotá y se instalaron en el CAN en las afueras de la sede de la Agencia Nacional de Tierras. Según el consejero mayor del Consejo Regional Indígena de Risaralda, Marco Fidel Guasarave, allí permanecerán “hasta que les resuelvan sus peticiones”.
Guasarave le dijo a un medio de comunicación nacional que en el Departamento habitan 43.000 indígenas, que todos están viviendo en una situación muy crítica como pueblo índígena y piden hablar con el presidente Petro “autoridad con autoridad, para saber cómo será el trabajo de aquí en adelante y para que escuche lo que hemos hablado como pueblo indígena”.
Según el líder embera, el Gobierno no está cumpliendo con sus promesas. Los acuerdos, dijo, a los que han llegado las veces anteriores con el Presidente, a pesar de haber quedado por escrito, “él y sus funcionarios han pasado por alto el dolor y el sufrimiento de los pueblos indígenas”. Y luego anunció, “ nos vamos a quedar en la Agencia Nacional de Tierras. Tenemos un pliego de peticiones para que nos cumplan. Entre estos, el derecho a una vivienda digna”.
Una de sus quejas mayores de esta comunidad es que el año pasado murieron 78 niños entre cero y diez años y este año para finales de agosto ya iban 32, situación que se sigue presentando por falta de acceso oportuno a la salud, por falta de agua potable y por las condiciones de insalubridad en que viven.
El retorno de los emberas a Bogotá se produce apenas unas semanas después de que la comunidad de este departamento, supuestamente luego del acuerdo entre el Gobierno y sus máximos dirigentes, regresara a sus resguardos con la promesa, además de recibir una transferencia mensual de dinero durante once meses como parte del proceso de retorno, reubicación o integración, de entrar en un programa de adjudicación de tierras productivas.
Sin embargo, por lo menos en el caso de la asignación de tierras a esta comunidad, lo acordado no ha avanzado absolutamente nada y en lo demás, sus integrantes siguen sufriendo las mismas limitaciones en sus necesidades básicas de vivienda, de salud, de educación y de manutención, que tenían cuando tomaron la decisión la vez pasada de viajar a Bogotá e instalarse en el Parque Nacional.
Por supuesto que no es fácil para este gobierno y para cualquier otro atender todas las solicitudes, además represadas, de la comunidad embera del Departamento; pero es necesario
ponerle atención a esta protesta que apenas y que, tal como está planteada, puede durar tanto como la pasada o incluso muchos meses más, con las dramáticas consecuencias de salud y de subsistencia para esta población, que ya se conocen.
