Cómo es posible que sabiendo que cada año pasa esto y que los moteros cada vez son más agresivos; la explicación sea que semejante asonada los cogió por sorpresa.
El lunes 30 de octubre al principio de la noche una jauría de cerca de 300 motociclistas recorrió las principales calles y avenidas de la Ciudad, la inmensa mayoría cubiertos los rostros con caretas y antifaces alusivos a calaberas e imágenes satánicas, generando caos en la movilidad y produciendo pánico entre los pereiranos.
La gente corrió despavorida a guardarse donde pudo, el comercio y los negocios se cerraron apresuradamente sus puertas, las personas que iban en sus vehículos se orillaron y subieron las ventanillas para evitar ser agredidos por los enloquecidos moteros y los desprevenidos empleados que salían de sus trabajos no entendían lo que estaba pasando.
Mientras tanto la Policía, los organismos de seguridad del Estado y las autoridades municipales era como si se hubieran mudado para otra Ciudad. A pesar del estruendoso escándalo, de la invasión del espacio público, del problema de movilidad que crearon, de sus rostros cubiertos y de la actitud agresiva con los transeúntes y conductores de los vehículos, las autoridades no aparecieron, ni respondieron a los llamados angustiados de los ciudadanos.
La Secretaria de Gobierno Municipal dijo que la presencia masiva de motociclistas y su agresiva actitud, habían cogido de sorpresa las autoridades y por tanto la Policía no había podido reaccionar con la rapidez y la contundencia que el momento exigía y que los angustiados pereiranos pedían.
Resulta cuando menos ingenuo decir que la agresiva presencia de los motociclistas el lunes pasado, fue un acto sorpresivo, cuando desde muy temprano ese día las redes sociales estaban inundadas de una invitación a todos los moteros de la Ciudad para que se concentraran a las ocho de la noche en la Plaza de Cuba.
Además, las autoridades saben bien que la celebración del llamado Halloween, últimamente se ha convertido en motivo de desorden, de licor y de excesos. Ese día los delincuentes de todos los pelambres aprovechan para, valiéndose de que pueden esconder sus rostros tras las máscaras y los disfraces, salir a robar, a atracar, a destruir las vitrinas, a saquear los almacenes y a cometer toda clase de desmanes.
Cómo es posible entonces, que sabiendo que esto pasa cada año, que la presencia de los moteros cada vez es más grande, que su actitud es más agresiva, que los destrozos que causan son millonarios y que detrás de todo esto se esconden verdaderas organizaciones criminales; la explicación sea que semejante asonada cogió a las autoridades y a la Policía por sorpresa.
Definitivamente la Ciudad está en manos de la delincuencia, de los criminales que asesinan a plena luz del día y salen tranquilamente caminando, de los atracadores que se meten a los restaurantes en busca de sus víctimas o que las esperan a la entrada de sus viviendas, de bandas que extorsionan desde las cárceles y de los dueños del negocios de la droga que tienen la capacidad de sacar sus bandidos a la calle y guardar las autoridades.
