La salida del minhacienda

Mucho mejor hubiera sido para el Presidente, para su gobierno y para la verdad en los hechos de la compra del voto de los congresistas, que hubiera sido retirado hace muchos días. 
Muy a su estilo el presidente Petro le pidió la renuncia a su ministro de haciendo, Ricardo Bonilla, es decir, no sin antes decirle que la solicitud no fue porque creyera que era culpable, sino porque la oposición lo quería despedazar por ser leal al programa de gobierno y quiere derribar inconstitucionalmente su gobierno.
El hoy exministro Bonilla es la quinta cabeza del círculo más cercano al presidente Petro que cae por cuenta del entramado de corrupción que se gestó en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, para, entre otras cosas, comprar el apoyo de algunos congresistas a las iniciativas que ha presentado el Gobierno a consideración del Congreso.
El exfuncionario había recibido el apoyo del Presidente hasta que su asistente y mano derecha, Alejandra Benavides, le confesó a la Fiscalía que el exministro le dió instrucciones precisas para direccionar contratos por valor cercano a los 92.000 millones de pesos hacia contratistas señalados por algunos congresistas a cambio de su respaldo a las solicitudes de endeudamiento tramitadas por el Gobierno en la comisión interparlamentaria de crédito público.
De allí en adelante su situación se volvió insostenible. A la natural oposición que tienen en el Congreso iniciativas como la nueva reforma tributaria, se sumaba ahora los graves señalamientos de corrupción, esta vez con pruebas y testigos, de que estaba siendo objeto el Ministro y convertía aquello en plato fuerte para cuestionar al Gobierno y negar sus proyectos; lo que obligó al Presidente a tomar la decisión de removerlo del cargo.
Por supuesto, el Mandatario salió en su defensa y dijo que se trató de un entrampamiento y que “su único error fue la ingenuidad académica, pensar que todos tienen la misma altura intelectual. Por eso desobedeció mi indicación de no confiar en los funcionarios uribistas de minhacienda, que nos hicieron trampas desde el principio, como cuando pagaron con el presupuesto el déficit de gasolina de Duque, o evaporaron la plata para la universidad pública”.
Pero por más que el Presidente quisiera amortizar los señalamientos contra el exministro y este tratar de explicar las acusaciones de su asistente, la verdad es que su situación ante la justicia era cada vez complicada lo que, además de convertirlo en blanaco fácil de la oposición, le dificultaba cumplir su función de defender y sacar adelante en el Congreso las iniciativas económicas del Gobierno.
La salida, pues del ministro Bonilla del Gobierno, es lo que debió haber ocurrido desde que fue vinculado al escándalo de la UNGRD y mucho mejor hubiera sido para el Presidente, para su gobierno y para el esclarecimiento de la verdad en los bochornosos hechos de la compra del voto de los congresistas, que el Mandatario lo hubiera retirado hace muchos días.

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