Esta semana los pereiranos fueron sorprendidos con un espectáculo bien curioso, un grupo, además muy numeroso, de guardas de transito limpiando y bañando, fumigadora y esponja en mano, y encaramado en sillas plásticas; las señales de tránsito de la Plaza de Bolívar.
Claro que les conviene muchísimo una buena limpieza a las señales de tránsito de la ciudad. Están en general en condiciones lamentables, llenas de pegotes y pintura, y alteradas producto de los vándalos y desadaptados que no encuentran otra manera de expresar sus desacuerdos e inconformidades que destruyendo y alterando unos elementos que son indispensables para el orden en la ciudad e inclusive que en muchos casos llegan a ser vitales para la seguridad de los ciudadanos.
Pero lo que no parecer tener ningún sentido es que en vez de pedirle apoyo a los obreros del municipio o de alguna de las entidades adscritas a la administración central que tiene personal de mantenimiento, o de contratar esta labor con quienes lo saben hacer y tienen todos los elementos adecuados para hacerlo, están ocupando a quienes tienen unas funciones y una responsabilidad completamente distinta.
Cómo es posible que, según se ha dicho, en medio de la escasez de guardas de tránsito, los pocos que hay sean destinados a lavar las señales de tránsito de la Plaza de Bolívar, mientras los trancones son cada día mayores y en la ciudad no hay por donde andar por culpa de la indisciplina de conductores y peatones, y, claro esta. de la ausencia total de las autoridades de tránsito.
A nadie con dos dedos de frente se le ocurre encargar de unas labores que son simplemente operativas, a un personal que se supone es calificado y ha sido capacitado para ejercer una tarea que, además de fundamental para el buen funcionamiento de la ciudad, es delicada y compleja, y, como si fuera poco, que es escaso.
La ciudad es un verdadero maremágnum gracias a cientos de vehículos estacionados donde es prohibido, a miles de motos parqueadas donde les da la gana, a camiones que cargan y descargan mercancías en horarios no permitidos, y a buses y taxis que suben y bajan pasajeros en mitad de la vía, que nadie controla ni pone en orden; y lo que está necesitando es todo el grupo de guardas de tránsito haciendo presencia activa en las calles y poniendo orden en el tráfico, y no fumigando las señales de tránsito.
Ahora si se entiende por qué la 30 de Agosto es un trancón permanente, por qué en el centro no hay por donde circular, por qué la glorieta de Saludcoop es un nudo insoluble, por qué la 18, y la 14, y la Avenida del Ferrocarril son vías intransitables, y por qué en estos lugares jamás se ve un guarda de tránsito ayudando a destrabar el tráfico.
Empezamos a pensar, pues, que lo que está necesitando el Instituto de Movilidad no es liquidarlo y convertirlo en una secretaría, sino quien le ponga sentido a lo que es esa dependencia, cuál es su misión y cuáles son sus prioridades.
