Pero quién va en adelante a tomar en serio cualquier acuerdo con el Gobierno, si sabe que tranquilamente puede comprometerse, firmar, y cuando quiera arrepentirse y dejar botado el acuerdo.
El Comisionado de Paz, Danilo Rueda, dijo en reciente entrevista concedida a un medio de comunicación nacional, que se había reunido tres veces de manera presencial con el narco guerrillero alias “Iván Márquez” con el propósito de buscar la posibilidad de que el grupo que él comanda se sume a la “Paz Total” que impulsa el gobierno del presidente Petro; y añadió que estaba bien de salud física y mental.
Por supuesto, la ley no obliga al Comisionado Rueda a poner en conocimiento de las autoridades judiciales el lugar donde se esconde el guerrillero Marquez, como lo piden muchos dirigentes políticos y algunos analistas nacionales, además porque su oficio lo protege y porque conocedores del tema sostienen que corresponde a la justicia y no a las personas buscar al hoy prófugo de ella.
Pero aquí lo importante no es si el doctor Rueda tiene la obligación de informar la Justicia el lugar donde se esconde “Iván Márquez”, sino qué hay detrás de las reuniones del doctor Rueda con “Iván Marquez”, si es claro que el Acuerdo de Paz que firmó este en el 2016 con el entonces gobierno del presidente Santos, prohíbe volver a hacer un negocio con quien haya participado en el anterior proceso y firmado el acuerdo, y luego haya desertado y retomado las armas.
Es decir que mientras esté vigente el Acuerdo de Paz firmado con las Farc, quienes hacían parte de ese grupo guerrillero y se acogieron a él, no pueden participar de un nuevo proceso ni recibir los beneficios de un nuevo acuerdo, máxime si, como en el caso de Marquez, este fue negociador y firmante del documento.
Tendría el Gobierno que modificar el acuerdo del 2016 y abrir la posibilidad para que los miembros de las Farc que participaron en el proceso de entonces y luego decidieron desconocer lo firmado y regresar a sus andanzas, puedan de alguna manera participar de un nuevo proceso, que parece ser lo que está pensando el Gobierno y que sería un pésimo mensaje para quienes están negociando un acuerdo de paz con el gobierno Petro.
El anterior acuerdo por lo menos decía que el proceso que se adelantó era único y que quien lo firmará lo debía respetar y el que por alguna razón renunciará a él y retomara las armas, quedaba de por vida excluido de cualquier posibilidad de participar y beneficiarse de un nuevo acuerdo de paz.
Pero quién va en adelante a tomar en serio cualquier acuerdo con el Gobierno, si sabe que tranquilamente puede comprometerse con muchas cosas y firmar, y cuando quiera arrepentirse y dejar botado el acuerdo, lo puede hacer sin que ello tenga una consecuencia grave con quien lo firmó. Simplemente el guerrillero, o el narco, o el condenado criminal pensara que participa, se lucra de los beneficios inmediatos y después renuncia, vuelve a la guerra y queda pendiente de que otro gobierno, en otro momento, vuelva a insistir en un nuevo proceso.
