¿Vale la pena repetir el ejercicio?

Muchos candidatos llegaron con entusiasmo, pero pronto se encontraron con un muro de burocracia, indiferencia institucional y carencia de recursos para ejecutar cualquier iniciativa.

Mañana domingo el país volverá a elegir los Consejos de Juventud, una figura creada para promover la participación política de los jóvenes y darles voz en la toma de decisiones públicas. 11´702.436 colombianos entre 14 y 28 años, rango de edad de una persona jóven según el Estatuto Juvenil de Colombia, podrán ir a las urnas a votar por cualquiera de los 45.183 candidatos inscritos en todo el país.
En el papel, este ejercicio suena loable y necesario en un país donde la apatía, la frustración y la desconfianza hacia las instituciones han calado profundamente entre las nuevas generaciones. Pero en la práctica, la experiencia demuestra que esta figura ha sido más un ejercicio simbólico que un instrumento efectivo de participación de los jóvenes.
La elección pasada, la única que habido y celebrada en 2.021, fue un claro reflejo del desencanto juvenil con la política. En todo el país votó menos del 10,3 % de los jóvenes habilitados, una cifra que reveló no solo la falta de interés de esta población, sino también el desconocimiento sobre la utilidad real de estos Consejos.
Muchos candidatos llegaron con entusiasmo, pero pronto se encontraron con un muro de burocracia, indiferencia institucional y carencia de recursos para ejecutar cualquier iniciativa. En la mayoría de los municipios, los consejos quedaron reducidos a reuniones esporádicas y declaraciones sin impacto.
La pregunta, entonces, es ¿vale la pena volver a hacer este ejercicio, a un costo descomunal, si nada ha cambiado desde la vez anterior? Sin presupuesto, sin poder de decisión y sin un verdadero respaldo de las autoridades locales y departamentales, estos espacios corren el riesgo de ser nuevamente un trámite sin trascendencia.
El problema no es, por supuesto, la existencia de los Consejos de Juventudes, sino la falta de voluntad política para que funcionen. Si los gobernantes locales no los escuchan ni los integran a la formulación de políticas públicas, seguirán siendo un saludo a la bandera. Y si los jóvenes no se apropian de ellos, no los defienden ni los usan como plataforma de exigencia y control social, el vacío lo llenarán las mismas promesas que los alejaron de la política.
La juventud necesita canales reales de participación, no escenarios decorativos creados solo para cumplir con una norma; y Colombia requiere que sus jóvenes participen, pero con propósito y resultados. Los Consejos de Juventud pueden ser un semillero de liderazgo, siempre y cuando dejen de ser una simulación y se conviertan en un espacio de poder ciudadano efectivo. De lo contrario, esta nueva elección será solo la repetición de una experiencia que prometió mucho y no cambió nada.

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