En medio de una creciente incertidumbre sobre el suministro de gas natural, Luz Stella Murgas, presidenta de la Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas), advirtió que Colombia necesitará importar gas para cubrir el déficit energético en los próximos años. Esta decisión es consecuencia directa de la falta de proyectos costa afuera aprobados, lo que significa que el país podría depender de suministros extranjeros hasta que se logre una autosuficiencia energética a largo plazo.
La preocupación surge a raíz de un informe emitido por el gestor del mercado de gas en Colombia el 1 de noviembre, que confirma un déficit en la capacidad de abastecimiento del gas natural en firme. Este tipo de gas, que implica un compromiso de suministro sin interrupciones, es fundamental para garantizar un servicio continuo tanto a hogares como a industrias. Murgas explicó que el déficit existente muestra que los productores nacionales no pueden garantizar una oferta suficiente para satisfacer la demanda del país. Esta situación lleva a Naturgas y a otros actores del sector a presionar por la pronta aprobación de proyectos de exploración y explotación costa afuera, los cuales serían clave para estabilizar el suministro interno de gas en el mediano y largo plazo.
“La única solución viable para cubrir este déficit inmediato es importar gas, usando la infraestructura de regasificación en Cartagena para procesar hasta 40 millones de pies cúbicos. Esta medida será necesaria al menos hasta 2026 y podría extenderse incluso más si no se materializan los proyectos offshore en el tiempo esperado”, explicó Murgas. La líder del sector también destacó que la dependencia de importaciones no solo implica riesgos de suministro, sino que también podría impactar los costos para los usuarios finales, ya que el precio del gas importado es significativamente mayor al del gas producido en el país.
La situación es compleja, pues aunque el Gobierno ha propuesto suplir el déficit con gas de campos actualmente en fase de prueba, esta opción no brinda una solución estable. “Es un riesgo confiar en campos que aún no están en plena producción; el suministro que necesitamos para cubrir la demanda en el país está lejos de ser suficiente con estas reservas actuales”, enfatizó Murgas. La falta de certeza sobre la producción de estos campos implica que Colombia aún no puede garantizar un suministro continuo en el futuro cercano.
Además, Murgas señaló que, si bien algunos productores han firmado acuerdos para asegurar una provisión estable de gas, la realidad es que el suministro sigue siendo provisional y sujeto a cambios. Las negociaciones han sido intensas, pero la presidenta de Naturgas dejó claro que, mientras los proyectos offshore no se conviertan en una realidad tangible, cualquier acuerdo de suministro está en riesgo de ser interrumpido. “Incluso con acuerdos provisionales, los riesgos de escasez persisten debido a la naturaleza temporal de este suministro”, indicó Murgas.
La dependencia de importaciones también presenta un reto significativo para la política energética de Colombia, que en los últimos años ha apostado por una transición hacia energías más limpias y sostenibles. Si el país continúa importando gas natural a largo plazo, podría no solo incrementar su huella de carbono, sino también enfrentar altos costos en el proceso, desincentivando el avance hacia una matriz energética menos contaminante. Para Murgas, la aprobación de proyectos costa afuera es no solo necesaria sino urgente, ya que el país debe garantizar una fuente de energía que reduzca la dependencia de fuentes externas y a la vez fortalezca su posición en la transición energética de la región.
Por el momento, el llamado de Naturgas es claro: se necesita un impulso inmediato para acelerar la aprobación de los proyectos offshore. Con ellos, Colombia tendría la oportunidad de reducir su dependencia de gas importado y asegurar un suministro propio que le permita transitar de manera más segura hacia una matriz energética diversificada y confiable. La implementación de estos proyectos no solo permitiría responder a la demanda actual, sino que también posicionaría a Colombia como un actor clave en el contexto energético de América Latina.



