El aumento del impuesto afecta directamente a una amplia gama de productos, como gaseosas, embutidos, salsas, snacks, néctares, bebidas energizantes, mermeladas, helados, agua saborizada y productos de panadería.
El impuesto a los alimentos ultraprocesados en Colombia se incrementó al 20%, consolidándose como el último ajuste dentro de una política de “impuestos saludables” iniciada en 2023. Este gravamen busca desincentivar el consumo de productos que, por su composición, pueden tener efectos adversos en la salud pública. Sin embargo, el aumento ha generado preocupación en diversos sectores económicos y sociales, especialmente en regiones como Risaralda.
Impacto en el comercio local
Sebastián Restrepo, director ejecutivo de Fenalco Risaralda, explicó que este incremento tendrá repercusiones significativas en la economía regional, especialmente en los pequeños comerciantes y tenderos de barrio. “Somos conscientes del proceso que se inició desde el año 2023, cuando este impuesto comenzó con un 10%. En 2024 subió al 15% y, en enero de 2025, al 20%. Esto tiene un impacto en sectores económicos como las tiendas de barrio, los supermercados y otros puntos de venta de estos productos. Además, se verá gravemente afectado el consumidor final, quien termina asumiendo este costo”, señaló.
Los productos gravados se han convertido en parte de la canasta básica para muchos hogares colombianos. Aunque son ultraprocesados, su alta demanda los convierte en elementos indispensables en la alimentación de gran parte de la población. Para los pequeños tenderos, que representan un pilar del comercio local, el panorama también es desafiante. Con el aumento de los costos de los productos, sus márgenes de ganancia se reducirán, mientras que la competencia con grandes cadenas y alternativas informales podría intensificarse.
Alternativas para mitigar el impacto
Ante este escenario, surge la pregunta de si los consumidores buscarán alternativas más saludables o económicas. Según Restrepo, la respuesta no es sencilla. “Buscar otras alternativas es una posibilidad. Lo que también se busca con este impuesto es que las empresas produzcan de manera más saludable”, explicó.
Por otro lado, la industria alimentaria enfrenta el reto de adaptarse a estas nuevas condiciones, buscando formas de producir de manera más saludable y sostenible. Sin embargo, este cambio no se logra de manera inmediata, ya que las empresas deben encontrar diferentes alternativas para ofrecer productos que cumplan con los estándares de salud. Además, las alternativas disponibles para mitigar el impacto del impuesto son limitadas. “Las consecuencias recaen principalmente en los productores locales, quienes ya enfrentan una competencia fuerte con productos importados. Esto dificulta aún más la capacidad de la industria para encontrar soluciones rápidas y efectivas”, agregó Restrepo.
Perspectivas a mediano y largo plazo
En el mediano y largo plazo, el panorama económico podría complicarse aún más, según Restrepo. Aunque el aumento del salario mínimo del 9,5% en 2025 busca aliviar el impacto de la inflación, no será suficiente para contrarrestar los efectos del incremento en los precios de los ultraprocesados. “Esta situación preocupa, porque, a pesar del aumento del salario, el incremento de la inflación y la decisión de subir los impuestos a los ultraprocesados tendrán repercusiones significativas”, comentó.
A pesar de estos desafíos, se destaca la importancia de trabajar en soluciones conjuntas entre el gobierno, la industria y los comerciantes, pues es importante encontrar un equilibrio entre las políticas de salud pública y las necesidades económicas del país.



