Sectores de la producción industrial, así como escuelas y jardines infantiles, serían los más afectados por bajas en la natalidad de Risaralda.
Cada vez es más evidente la creciente preocupación, tanto a nivel mundial como en Colombia, debido a la disminución en las tasas de natalidad. Esta tendencia se intensificó al conocerse los datos de 2024 para el país. En ese año, Colombia no alcanzó el medio millón de nacidos vivos. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), se registraron 445.011 nacimientos, de los cuales 228.379 correspondieron a hombres, 216.610 a mujeres y 22 a casos indeterminados.
Risaralda no es ajena a esta situación, ya que el departamento reportó solo 7.509 nacimientos —3.874 hombres y 3.635 mujeres—, la cifra más baja en los últimos cinco años. Al comparar con los años anteriores, la disminución en Risaralda es notable. En 2023, se registraron 8.196 nacimientos; en 2022, 9.106; en 2021, 9.996; y en 2020, 10.039.
Para el docente del programa de Economía de la Universidad Libre, seccional Pereira, Jhon Jairo Marín, estas cifras reflejan que la pirámide demográfica, que solía tener una base amplia representada por la población joven y una cúspide estrecha de adultos mayores, está comenzando a invertirse.
“Los jóvenes hoy son más conscientes de las problemáticas del país: violencia, acceso limitado a la educación, informalidad laboral y una justicia ineficiente. Además, tienen mayor acceso a métodos de planificación, lo que influye en su decisión de no tener hijos”, explicó en primer lugar el docente.

¿Qué podría pasar?
Este cambio en la estructura poblacional tiene consecuencias que van más allá de lo individual. La baja natalidad no es solo una decisión privada, sino un fenómeno con implicaciones colectivas profundas, sobre todo en la economía. Según Marín, si no hay suficiente población joven para ingresar a la fuerza de trabajo, habrá un déficit de mano de obra en múltiples sectores. “No es cierto que la inteligencia artificial o los robots vayan a reemplazar toda la fuerza laboral. Hay sectores donde sí o sí se necesitan personas”.
¿Y la pensión?
Además del impacto en el empleo, el envejecimiento poblacional exigirá un reordenamiento del gasto público. “El problema es que muchas personas mayores no tienen pensión porque trabajaron en la informalidad o nunca cotizaron. Hoy, por ejemplo, el Gobierno Nacional aumentó el subsidio para adultos mayores sin pensión de $80.000 a $250.000 mensuales. Si la población vieja sigue creciendo, ese gasto también lo hará, y será el Estado quien deba responder, con recursos que provienen de los impuestos que pagamos todos”, explicó.
Economía informal
Según cifras del DANE, el 57% de los colombianos trabaja en la informalidad, lo que implica que más de la mitad de la población económicamente activa no está ahorrando para su vejez. “Esto significa que en unas décadas habrá millones de personas mayores sin respaldo pensional, y el Estado tendrá que cubrir sus necesidades básicas con recursos públicos, sacrificando posiblemente otras áreas del presupuesto”, advirtió el académico.
No todo es negativo
Algunos sectores económicos podrían dinamizarse ante este cambio, como el de los servicios para adultos mayores y mascota. En Risaralda, por ejemplo, ya se están creando varios centros de retiro, y el departamento comienza a consolidarse como un destino para este tipo de atención. Sin embargo, esto también plantea un reto: “La mayoría de los adultos mayores que llegan no tienen un respaldo pensional. Eso representa una carga enorme para el sistema social del país”, concluyó.



