En el Día Nacional del Café, no solo se conmemora la excelencia del producto insignia del país, sino que se hace un llamado urgente a proteger la caficultura frente a desafíos como el cambio climático, la pérdida de hectáreas y el relevo generacional.
Cada 27 de junio, Colombia celebra el Día Nacional del Café, una fecha que la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) dedica al orgullo de una tradición que ha marcado la historia, la economía y la identidad del país. Asimismo, se proyecta como un recordatorio del trabajo de las más de 500 mil familias que se dedican a este oficio.

Sin embargo, en este día también se evidencian las tensiones que enfrenta el sector. Jorge Humberto Echeverry, director ejecutivo del Comité de Cafeteros de Risaralda, indicó en entrevista con el Diario del Otún que la conmemoración llega en medio de un escenario complejo, marcado por la caída de precios, la reducción de áreas sembradas, el cambio climático y la falta de relevo generacional.
Aunque estas problemáticas no son nuevas, se han intensificado con el tiempo. En las últimas semanas, por ejemplo, el precio interno del grano ha disminuido, impactado por la caída del dólar y por el comportamiento de la bolsa de Nueva York. A esto se suma la revaluación del real brasileño, que ha incentivado una mayor salida de café desde Brasil, lo que ha incrementado la oferta global y ha presionado aún más los precios.
“Esperamos que regresen los buenos precios, que es lo que nos anima a mantener una caficultura de calidad. Sin embargo, tanto con precios altos como bajos, lo más importante es contar con un cafetal productivo, joven, renovado y fertilizado”, expresó Echeverry.
Cambios climáticos

Las lluvias tampoco han dado tregua. En 2024, la cosecha de mitaca fue inferior a la de años anteriores, y la principal también se perfila a la baja. “Desafortunadamente, este año las floraciones, por estos tiempos tan lluviosos, han sido muy bajas. En el departamento tenemos registros de apenas un par de floraciones, y eso nos obliga a observar cómo evoluciona la situación, ya que las lluvias no han cesado, lo cual es muy preocupante”, indicó el director. En municipios como Balboa y La Celia, los derrumbes han afectado las vías principales, lo que dificulta el transporte del grano y el movimiento económico.
De continuar las condiciones actuales, la cosecha principal podría aplazarse hasta el primer semestre de 2026. “La disminución en la cosecha de fin de año está por debajo de un 30 %, menor a la del año anterior, que fue una cosecha muy abundante”. El año anterior, Risaralda produjo alrededor de 600 mil sacos de café, es decir, 4,2 millones de arrobas.
Menos hectáreas para el café
La pérdida de hectáreas sembradas también preocupa. Pereira llegó a tener 18.000 hectáreas en producción, pero hoy está por el orden de las 3.000. El departamento, que hace dos décadas registraba 75.000 hectáreas, ahora tiene 40.000. “Particularmente en Risaralda el costo de la tierra es alto y los proyectos inmobiliarios han hecho que muchas fincas cafeteras se hayan convertido en condominios, en temas habitacionales y en pérdida de áreas”, explicó Echeverry. Además, “la caficultura se ha ido trasladando de un tema altitudinal bajo hacia una parte alta por el tema del cambio climático porque ya café en clima cálido no se produce”.
A lo anterior se suma el alto costo de establecer y mantener una hectárea de café, la cual supera los 25 millones de pesos. De ahí que el enfoque actual del Comité Departamental esté en producir más en menos área. “Estamos trabajando en lograr que dentro de esas 41.000 hectáreas se alcance una mayor producción. Estamos alineados con fortalecer una caficultura que resista, que permanezca, y que ofrezca más productividad, con mayor densidad de siembra y cafetales renovados”.
Este incremento en productividad ha sido posible gracias a cafetales renovados y programas de fertilización, apoyados desde el Comité en alianza con las alcaldías, la Gobernación, el Gobierno Nacional y los propios caficultores. “Y eso lo hemos logrado con cafetales jóvenes y programas de fertilización desarrollados por el Comité, en alianza con la Gobernación, las alcaldías y con recursos del Gobierno, de la Federación y de los cafeteros”.
Buscan mayor producción
Pero el relevo generacional sigue siendo una deuda. Con un promedio de edad de 55 años entre los caficultores, la sostenibilidad del sector también depende de que los jóvenes encuentren condiciones dignas para permanecer en el campo. “Por eso ya le estamos apostando a que el departamento compense rápidamente la producción: menos área, más café. Hoy hay caficultores que logran producciones destacadas. El departamento de Risaralda tiene una producción promedio de 22 sacos por hectárea, lo cual es un resultado muy positivo”.

A pesar de todos los desafíos, la caficultura en Pereira y Dosquebradas sigue vigente. “Todavía resistimos y mantenemos una superficie significativa dedicada al café. Es fundamental que las administraciones, como ya lo estamos haciendo, trabajen de forma articulada para continuar apoyando esta caficultura que aún permanece, para que sea rentable”.



