El próximo 1.º de diciembre comenzarán las mesas de negociación para fijar el aumento del salario mínimo de 2026.
La negociación del salario mínimo para el próximo año avanza en medio de un escenario de posiciones difíciles de conciliar entre empresarios y sindicatos, expectativas electorales y la posibilidad de que este aumento vuelva a ser decretado por el Gobierno Nacional. Mientras las primeras propuestas no bajan del 11 %, los gremios empresariales advierten sobre los riesgos que implicaría un ajuste de dos dígitos para la actividad económica.
Según Jaime Edison Rojas, líder del Centro de Investigación para el Análisis de Datos Económicos y Sectoriales del Politécnico Grancolombiano, es muy probable que el incremento vuelva a ser decretado por el Gobierno. Su argumento parte de dos elementos: los antecedentes recientes, en los que no se logró acuerdo entre las partes, y el hecho de que este será el último ajuste del actual mandato presidencial.
“En este Gobierno no se ha alcanzado acuerdo entre empresarios y sindicatos, y siempre se ha dado el incremento por decreto. Siendo el último año, lo que se ha observado en gobiernos anteriores es que no se alcanzan acuerdos y los incrementos son decretados por el Gobierno”, afirmó.
A este contexto se suma un patrón histórico: en años preelectorales y electorales, los incrementos decretados suelen ubicarse por encima de la inflación observada. Para el analista, esta tendencia puede interpretarse como una estrategia política orientada a favorecer al electorado trabajador antes de los comicios: “Puede entenderse tal vez como una estrategia para cerrar con mayor favorabilidad entre los trabajadores, pensando en las próximas elecciones”.
Proyección del aumento
Las distancias entre sindicatos y empresarios parecen más amplias que en años anteriores. Mientras las centrales obreras afirman que la propuesta no puede ser inferior al 11 %, los gremios consideran que superar la barrera de dos dígitos pondría presión sobre la inflación y la productividad. «Eso hace pensar que, efectivamente, no va a haber un acuerdo», sostuvo el experto, quien proyecta que el ajuste final estará “muy cerca del 11 %”.
El dato no es menor. La inflación cerraría el año alrededor del 5 %, y el Banco de la República proyecta que en 2026 continúe bajando gradualmente. Sin embargo, los reajustes del salario mínimo decretados durante este Gobierno han superado ampliamente la inflación, una tendencia que podría repetirse.
Inflación, demanda y empleo
De acuerdo con el académico, un aumento de esta magnitud tendría múltiples efectos sobre la economía. Desde la perspectiva empresarial, el riesgo central está en la presión adicional sobre los precios. “Un incremento por encima de la inflación y de la productividad puede generar que la demanda provoque un aumento de los precios. Eso tendría un efecto sobre la inflación y no sobre el bienestar de los trabajadores”, advirtió Rojas.
El aumento del ingreso disponible en los hogares que ganan el mínimo impulsaría el consumo, pero si la producción no crece al mismo ritmo, los precios podrían ajustarse al alza. Ello presionaría al Banco de la República a frenar su ciclo de reducción de tasas. “La inflación se va a comer ese incremento del salario, y el Banco podría mantener estables las tasas o incluso subirlas”, explicó.
Impacto laboral
En materia de empleo, el experto considera que los efectos no serían inmediatos ni generalizados. No obstante, advierte un riesgo particular para los micronegocios y las pequeñas empresas, que podrían enfrentar costos de contratación más altos. “Puede que algunas prefieran contratar de manera informal antes que hacerlo de forma formal”, indicó.
El aumento también afectaría sectores vinculados directamente al salario mínimo. Multas, pagos administrativos y algunos productos o servicios indexados podrían registrar incrementos superiores al promedio. Incluso, algunas inmobiliarias han comenzado a fijar el precio de viviendas nuevas en salarios mínimos, lo que trasladaría automáticamente el alza.



