Recolección de café, un oficio que se resiste a desaparecer en Risaralda

Historias como la de Gilberto Sepúlveda sobresalen en medio de los riesgos que el poco relevo generacional le deja al café risaraldense.

Ya se aproxima la cosecha principal en Risaralda, y aunque muchos recolectores expresan que no será abundante como en otras temporadas, permitirá que muchos hogares cafeteros puedan recolectar lo que aún queda en los árboles. En este contexto, recolectores como Gilberto Sepúlveda, concejal del municipio de Santuario y trabajador del café desde los 15 años, preparan sus herramientas para una labor que conocen al detalle por décadas.

Recolectar café es una tarea que requiere concentración y agilidad. “Es un arte muy bonito. Saber desgranar el mero maduro sin dañar el verde no es cualquier cosa. Para mí, esto es un talento que Dios le da a uno. Además, no es tan cansado como otros trabajos, por ejemplo, cuando hay que cargar café a largas distancias”, agregó. Actualmente, Risaralda cuenta con 19.000 familias caficultoras; sin embargo, el número de recolectores puede variar en cada municipio. Por ejemplo, se estima que Santuario cuenta con más de 1.000; aunque pueden llegar de otros lugares del país.

El arte de recolectar

La jornada en los cafetales comienza temprano; se entra, más o menos, antes de las seis de la mañana, completando casi doce horas de trabajo que, entre algunos descansos, permiten recoger alrededor de 100 kilos de café por día. No obstante, cuando se trabaja al quileo —es decir, al peso del café recolectado—, el horario es más flexible: se madruga más, se aprovechan mejor las horas de la mañana y hacia las 4:00 p. m. se empieza a acercar el café para pesarlo.

Gilberto Sepúlveda, recolector de café.

“El día que más café he cogido fueron 425 kilos, en una finca en Naranjal, cerquita del pueblo. Éramos 110 trabajadores”, indicó Gilberto. En otra ocasión, en solo tres horas logró recolectar 330 kilos. Todo depende de la calidad del lote, la habilidad del recolector y las condiciones climáticas. En fincas cercanas al pueblo, el pago por jornal ronda los $45.000, mientras que en veredas más alejadas puede alcanzar los $50.000. Todo depende del acceso, la productividad del lote y la forma de pago que se acuerde.

Riesgos del oficio

Aunque no lo parezca, la labor también implica riesgos. El terreno, a veces, suele ser empinado y resbaloso. “Uno puede caerse, descomponerse un brazo. A veces hay culebras, avispas, abejorros o gusanos pollo, que lo pueden picar y hasta mandar al hospital por fiebre o vómito”, explicó Gilberto. También hay enfermedades como la roya, que afectan la calidad del grano y dificultan la cosecha. “Es un polvo anaranjado que afecta la nariz porque ese polvo se levanta y es muy fuerte para uno”, expresó.

Sin relevo generacional

Un problema creciente es la falta de jóvenes en los cafetales. “Hoy en día, la mayoría de los recolectores son adultos mayores. Jóvenes mayores de 18 hay muy pocos. El campo se está quedando solo”, advirtió Gilberto. Considera urgente que los gobiernos nacional y local desarrollen estrategias de motivación: “Sería bonito que en cosecha se reconozca al recolector que más café recoge, como una forma de animar a los demás”.

El cambio climático también ha impactado la producción. “Antes había cortes que duraban tres o cuatro semanas y luego las matas descansaban. Ahora, con las nuevas variedades y las condiciones del clima, hay graneos casi todo el año”, explicó. Gilberto recuerda con entusiasmo la cosecha del año pasado, cuando el verano permitió una bonanza a nivel nacional, especialmente en Risaralda.

Otras labores

En épocas de baja producción, Gilberto no se queda quieto. “Me gusta sembrar frijol o maíz, donde me den permiso. Así me entretengo mientras vuelve el café”. Aunque la próxima temporada no será una cosecha abundante, como la del año pasado, Gilberto confía en que el clima siga ayudando y la traviesa deje buen resultado.

Foto: Archivo Diario del Otún.

Mujeres recolectoras: ejemplo de resistencia

Para Gilberto, el aporte de las mujeres en el café es invaluable. “Son unas guerreras. Algunas salen con sus esposos, otras hacen el papel de mamá y papá al mismo tiempo. He trabajado con muchas y les rinde el café. Me dicen que les va mejor recolectando que en casas de familia o negocios del pueblo. Se les notan los ánimos cuando recolectan café”.

¿Qué piensa?

James William Montes, líder de Asorrosa y miembro del Comité de Cafeteros de Risaralda: “A los recolectores el año pasado les fue magníficamente bien porque hubo un kilo de 1.200 hasta 1.500 pesos, en ese promedio, y un recolector podía estar sacándose más de 1’000.000 pesos a la semana, en nuestras fincas cafeteras; pero hubo recolectores que incluso ganaban muchísimo más dinero”.

Alberto Noza, recolector corregimiento El Español: “El año pasado hubo un buen trabajo, un buen proceso. Pero este año, lo que fueron las lluvias nos afectó. Había buen precio, pero no había cafecito, porque cafecito está ahorita para cosecha. Hay posibilidades, pero también hay un proceso en el cual debemos estabilizarnos para mejorar como recolectores, para dar mejores beneficios”.

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