Turismo en Risaralda: una apuesta por la sostenibilidad y la innovación

El Diario conversó con el director de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional del Politécnico Grancolombiano sobre turismo en Risaralda.

En un contexto de transformación constante, el turismo en Risaralda tiene la posibilidad de convertirse en un motor de desarrollo económico y social, gracias a iniciativas que promueven la sostenibilidad ambiental y el aprovechamiento de su patrimonio cultural. Durante el reciente Seminario Suramericano de Turismo, organizado por el Politécnico Grancolombiano y la Confederación Panamericana de Escuelas de Hotelería, Gastronomía y Turismo (CONPEHT), se subrayaron los retos y oportunidades para la región.

El turismo colombiano sigue en crecimiento tras la recuperación post-pandemia. Según el viceministro de Turismo de Colombia, Arturo Bravo, en 2023 el país recibió más de cinco millones de turistas extranjeros, y las expectativas para 2024 son aún más ambiciosas. Con un gasto promedio de 1.631 dólares por turista, el turismo ha generado importantes ingresos para el país, beneficiando directamente a regiones como Risaralda.

En entrevista con El Diario, Sebastián Chacón Marín compartió sus perspectivas sobre cómo Risaralda puede capitalizar las políticas públicas actuales para fortalecer su oferta turística.

¿Cómo puede el departamento de Risaralda beneficiarse de las políticas públicas que fomentan la sostenibilidad ambiental y social en el sector turístico?

“Es fundamental tener un modelo de gobernanza y gestión del turismo, mediante la metodología de destinos turísticos inteligentes, cuyo pilar importante es la sostenibilidad. Con esto el seguimiento, los indicadores e involucrar tanto a los actores públicos como privados de la cadena de valor del turismo hará que se llegue a mejores resultados desde la sostenibilidad, pero también muy importante mencionar el turismo regenerativo. Estas teorías que mencionan y efectivamente lo corroboramos que ya el daño medioambiental y en las comunidades está hecho en que entonces debemos regenerar el territorio, a través de nuevas posibilidades medioambientales y de esta manera generando opción de políticas de Economía circular y asimismo certificando y recertificando municipios como en el caso de Risaralda es Dosquebradas”.

¿Qué papel juega la infraestructura tecnológica en el desarrollo del turismo en regiones como Risaralda, especialmente frente a la disminución de la brecha digital?

“La infraestructura tecnológica es esencial para que cualquier territorio en particular Risaralda pueda tener un mejor avance un mayor mercado, mejores turistas y también una mejor experiencia en el sentido del turista extranjero y nacional, desde el momento que busca experiencias alojamientos y demás, para hacerlo de una manera mucho más simple y competitiva, disminuyendo intermediarios y así mismo, favoreciendo a los emprendedores y a las grandes cadenas hoteleras”.

En términos de retos, ¿cuáles son los principales que enfrentan los países latinoamericanos para crear productos turísticos sostenibles que preserven la identidad cultural?

“Esto es muy importante para países como el nuestro y en la región de Risaralda que podamos mostrar esa identidad, la cual nos hace diferentes a cualquier otro destino turístico en el mundo. En Risaralda, tenemos todo el paisaje cafetero y esa idiosincrasia colombiana que está alrededor de la producción del café que marca el territorio y hay toda una historia y un marco social cultural que hace atractivo y diferente a la región. Esto tiene que estar atado a políticas públicas claras o inversión también por parte de los privados para mejorar el número de turistas y tener también esa infraestructura de alojamiento pero también desde lo público, vial, transporte, aeropuerto y mejores vías que propendan una mejor experiencia de turista”.

Cinco desafíos para el turismo colombiano y latinoamericano

Los cinco grandes retos del turismo en Colombia y Latinoamérica son: la sostenibilidad ambiental y social, impulsando políticas claras de conservación y economía circular; mejorar la infraestructura en transporte, alojamiento y tecnología, para reducir la brecha digital; fortalecer la legislación sobre plataformas como Airbnb y fomentar la inversión y creación de empleo; formar y profesionalizar a guías y anfitriones locales, potenciando el patrimonio cultural y gastronómico; y adaptarse a nuevas tendencias, como los nómadas digitales, rediseñando los productos turísticos según las demandas de los viajeros actuales.

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