Los tiempos que corren son ideales para propiciar reflexiones, ponderaciones, análisis, consideraciones, conclusiones y demás, en torno al balance que arroja la muy próxima conclusión del año 2025. Por lo general esta temporada de encuentro con familia y amigos es el escenario donde aflora el compendio de lo que la actual vigencia arrojó, sus retos y oportunidades, sus logros y fallos, sus alegrías y tristezas, sus ganancias y pérdidas, de donde se desprende mi reflexión de hoy.
Bona Fide, palabra proveniente del latín, traduce Buena Fe. Es la manera como los antiguos hacían referencia al hecho de comportarse de manera genuina, auténtica y, en ese sentido, actuar con sinceridad. Creo que esta máxima milenaria, resume con todas sus letras, el calcado que nos presenta la conclusión de la actual vigencia y de paso establece el sendero a recorrer en el 2026 que se aproxima.
Actuar con sinceridad, de manera auténtica no necesariamente conlleva el hecho de no equivocarse. Implica un concepto muchísimo mayor, más altruista y estoico. Actuar con autenticidad significa comportarse de manera genuina frente a todas y cada una de las situaciones a las cuales nos vemos abocados como seres humanos, en especial aquellas que nos contrastan, las que nos sacan de nuestra zona de confort, las que muchas veces nos golpean, desaniman, desmotivan e incluso nos pueden llevar al límite. Es allí donde la Bona Fide, la Buena Fe, al momento de actuar se sobreviene como un potente luz que emana desde nuestro interior y se proyecta alrededor.
Actuar de Buena Fe no exime de responsabilidad frente al cumplimiento de la norma. Es por supuesto acatarla e impregnarla de una actitud propositiva donde lo que se observa es tocado por la naturaleza benévola del observador, es aprender a habitar la piel del otro para comprender su mirada del mundo, es levantarse cada mañana, ponerse en pie y avanzar en el día, así ese día se nos plantee lleno de retos y desafíos. El verdadero héroe no es necesariamente aquel a quien se le construye un busto en un sector público. Es quien a diario persiste en su noble propósito sin claudicar, pese a las vicisitudes y contratiempos. A esos héroes y heroínas silenciosos es a quienes deseo hacer hoy reconocimiento e invito al resto para que los emulemos.
La Bona Fide debe ser una máxima diaria. “El dolor no destruye al hombre. Lo destruye creer que no podrá levantarse”, precisa en una de sus intervenciones públicas la reconocida filóloga Irene Vallejo. Para mí de eso va la Buena Fe, de entender que independientemente del contexto que se nos presente, insisto en tantas ocasiones un tanto alterado, doloroso, intimidante, asfixiante, tener presente que de la manera genuina como decida abordarlo dependerá poder surfear el oleaje del mar embravecido que en ocasiones conlleva la existencia humana. No es el oleaje en sí los que nos determina. Es cómo aprendemos a ponernos frente a la ola lo que nos diferencia, para que esta no nos arrastre.
Bona Fide es el axioma que hoy les planteo y sobre el cual les invito a reflexionar y colocar en práctica. Mis mejores deseos en estos tiempos de reflexión y paz. Secretario de Cultura de Risaralda.

