A manera de despedida y agradecimiento

Rigoberto Corredor Bermúdez, el niño del corregimiento de Arabia, al que casi no le gustaba salir a la calle a jugar y disfrutaba más de la compañía y las charlas con los mayores, hoy en la edad del retiro devela vasto conocimiento en diversas áreas, es un conversador a carta cabal y un enamorado del fútbol.

Primero hagamos un pequeño resumen de su vida sacerdotal.

Bueno, a los 25 me ordenaron sacerdote en 1973, viví 14 años como presbítero, a los 39 me ordenaron obispo, sumando los años de sacerdocio y episcopado cumplo 51 años, el 18 de noviembre, como obispo cumplí 36 años en marzo.

Hablemos de Rigoberto, antes de convertirse en sacerdote.

Cuando fui consciente a los 7 años, allá en mi corregimiento de Arabia,  que es una vida de pueblito muy sana, no tenía la intención del sacerdocio como tal. Mi papá muy lector de la prensa, muy al tanto de todo lo que era el Partido Conservador en ese momento, muy adepto a la doctrina conservadora del doctor Laureano Gómez y de su hijo Álvaro Gómez Hurtado, en ese estilo me sugería, quería que yo estudiara Leyes, era muy amigo de mi papá, no me gustaba la calle y no era porque fuera raro, tenía amigos pero ellos sabían que yo era como muy serio, ellos contaban conmigo y yo con ellos. Fuimos una familia numerosa de 12 hijos, ocho hombres y cuatro mujeres, yo ocupaba el octavo lugar, entonces cuando ya tenía 9 años me llamó la atención acercarme a la iglesia para ser monaguillo. El párroco me fue conociendo y me nombró el líder de los acólitos, ahí estuve hasta terminar el quinto de primaria y había que definir el bachillerato.

Tiempos de Seminario

El párroco viéndome tan responsable con la eucaristía y mis cosas, sugirió ir al Seminario Menor, a mis padres y a mí nos pareció bien, porque en Arabia apenas iniciaba la construcción del colegio San Francisco de Asís. Allá estuve seis años, el Seminario quedaba donde está el Movich, ahí había un edificio que había sido Batallón San Mateo, octogonal, con un estilo un poco europeo. Me gradué en el 66, ya ahí cogí toda la fuerza y toda la claridad con seis sacerdotes de directores, mucho latín, muchas raíces griegas y latinas, bastante cultura. De ahí pasé derechito al Seminario Mayor en Manizales desde 1967, hasta 1973.

De todos sus hermanos, ¿alguien le siguió los pasos?

Nadie. De las cuatro muchachas, una estuvo por ahí en Santa Rosa con unas hermanas franciscanas Misioneras de María y estando ahí no dejaba de pensar en el novio y además el jardinero colocaba música de Leo Dan y toda esa gente, ella estuvo por ahí 20 días allá. La vocación de ella era estar casada.

¿Tuvo la oportunidad de estudiar leyes, como su papá quería, pero dentro de la Iglesia?

Sí, nosotros tenemos la posibilidad de estudiar Derecho Canónico, pero, al terminar fui a la Misión de Purembará con los indígenas de Mistrató, entonces allí estaban unos misioneros españoles de Burgos y ellos terminaban el contrato con la Diócesis y se iban para otro territorio, al ellos irse, monseñor Baltazar y monseñor Castrillón tuvieron que nombrar sacerdotes para la Misión, allá estuve por tres años y uno en Arabia, mi pueblito. En la Iglesia, lo normal es que a uno lo manden a estudiar, cuando uno pide estudiar es que es un poco orgullosito, como queriendo prepararse mejor o con una tendencia a sobresalir y lo mejor es que lo escoja a uno el obispo y lo mande a estudiar. Monseñor Castrillón quiso que yo fuera a estudiar Teología Misional en Roma, allá estuve por cuatro años. Cuando regresé me mandaron para San Antonio del Chamí, en total estuve tres veces en la selva.

Como me contaron que le gusta el fútbol, de no ser sacerdote ¿en qué posición hubiera jugado?

A mí me gustaba jugar, pero nunca fui buen jugador. En el Seminario Menor jugaba en la defensa como marcador de punta derecho, cuando llegué al Seminario Mayor, estaba en el equipo pero tuve una lesión en el tobillo del pie derecho y le cogí un poquitico de miedo, había un kinesiólogo del Once Caldas que iba al Seminario y le cogí todavía más miedito, entonces me puse a jugar baloncesto. Pero ver el fútbol, disfrutarlo, ir a ver al Pereira al Estadio Mora Mora, mojado que venía de por allá, es lo mejor. Cuando estuve en Roma me hice amigo de la vecchia signora, la vieja señora es la Juve, después siguiendo los campeonatos mundiales, más consciente cuando en el 62, Colombia jugó en Chile y le ganó a Rusia.

Dato

Dentro de las advocaciones a la Virgen, le llama mucho la atención la del Perpétuo Socorro, por ser un ícono oriental y dentro del santoral le tomó especial afecto a Santa Teresita del Niño Jesús, porque un compañero suyo en Roma, hizo la tesis sobre ella y él le ayudó, ahí pude conocer a fondo ese sacrificio tan profundo y extraordinario en alguien tan joven.

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