Abecé de la gestión cultural

La Feria del Libro de este año abrió sus espacios para la convergencia de todo tipo de saberes aparte del narrativo, en Punto Final estuvo Ángela Molina, gestora cultural, quien habló sobre los mundos posibles que propone la cultura en Colombia y la importancia de la gestión cultural en Pereira y Dosquebradas.

La necesidad de entender la cultura más allá del arte, como tejido, oficio y vida cotidiana, es hablar de una variedad de mundos. “Creo que cada persona es un mundo posible, cada persona tiene una idea de lo que es la vida y de lo que es el encuentro con otras personas”.

¿Y los mundos posibles en relación con la cultura colombiana? Que es el tema que también trajeron a la Feria. “En esta ocasión tenemos el honor de presentar el libro Mundos Posibles, crónicas de la cultura en Colombia, escrito por Julián David Correa, un gestor cultural muy importante desde hace ya bastante tiempo en el país y que ha estado presente en procesos representativos de los movimientos y empresas culturales en Colombia. Él hace un recorrido a través de treinta crónicas que reconocen la vida y obra de gestores y artistas que han promovido todo tipo de creaciones y espacios de encuentro”.

En materia

Molina comenta que es hablar de Dago García, pero también de Rock al Parque, y Fanny Mikey. “Es un recorrido súper interesante por la historia de la gestión cultural contemporánea en nuestro país, que nos permite entender que la gestión cultural es un oficio y también una profesión, pero sobre todo una manera de apostar por otras formas de construir la realidad y la sociedad”.

En esa medida, es un viaje interesante navegar por todas esas historias, porque muchas de esas aventuras que narra Julián David son conocidas para los consumidores culturales, que somos todos. “Por decir algo, hablar del desempeño de una emisora súper importante en Medellín, como es Rumba Latina o del Festival Iberoamericano de Teatro, de los cineclubes que nacieron en Cali en los años 60 con Andrés Caicedo, conocidos como Caliwood o el Grupo de Cali, y también de García Márquez, de La Cueva, de sus amigos de esa época. Son historias que uno ha oído siempre, pero él profundiza, las entrelaza y muestra cómo, pese a las frustraciones, los gestores culturales siempre creemos que es posible cambiar las cosas y hacer distinto”.

En el área local

La gestión cultural en Risaralda, ¿es fácil de trabajar? ¿Es un mundo posible? “No nos ampliemos tanto a Risaralda, hablemos de Pereira y Dosquebradas. Creo que no solo la gestión cultural, sino muchos oficios cercanos al arte y la cultura, son muy líquidos, como diría Bauman, porque dependen de muchas situaciones, y lo político influye mucho. En Risaralda y Pereira han sucedido cosas importantes desde el trabajo de los gestores y gestoras culturales. Hace ya varios años se iniciaron procesos de organización del sector cultural que lograron interlocución con las administraciones municipales y departamentales. Así se han abierto espacios para la gestión cultural de manera no clientelista. Gracias a eso existen las convocatorias públicas, los programas de estímulos, de concertación y otras tantas que han ido surgiendo. Algunas continúan, otras no tanto, pero abren un espacio participativo muy importante”.

Molina explicó también que si se piensa en cómo han funcionado las cosas, muchos de los hitos de Pereira, el teatro Santiago Londoño y el Museo de Arte son frutos de procesos de gestión cultural que nacieron de distintas orillas. “En su momento, esas gestiones se hacían a través de relaciones directas con quienes estaban en el poder, lo que limitaba las posibilidades para los gestores culturales ‘de a pie’, eso cambió gracias al trabajo articulado de diferentes organizaciones, artistas y gestores que dijeron: ‘no podemos depender de ser amigos de la administración de turno”.

El sancocho que organizan Las Piquiñas de Chango en el Remanso, es claro ejemplo de todo eso que demuestra que la cultura va más allá del centro, del Santiago Londoño, del Museo o del Lucy Tejada. La cultura está en la vida cotidiana, y esos gestores que promueven ese reconocimiento y activan los espacios.

¿La gestión se estudia o se aprende en el hacer? “Hay muchas formas de ser gestor cultural, como hay muchas formas de ser músico, hay empíricos, académicos, buenos, malos, y no necesariamente por el origen. La mayoría de nosotros lo somos por necesidad: por hacer posibles los espacios y procesos culturales. La importancia de que hoy se pueda estudiar gestión cultural es que se dan menos vueltas, cuando uno es empírico como yo, que llegué a esto sin querer queriendo, se aprende por ensayo y error. De haber tenido la posibilidad de estudiarlo, me habría ahorrado muchos trámites. Todavía estoy aprendiendo, porque en nuestra ciudad las condiciones cambian todo el tiempo”.

“Espero que se animen a colonizar todos los espacios oficiales y no oficiales de cultura, que estén alertas también a todo lo que restrinja, reprima o juzgue sus identidades culturales. Creo que la cultura es un llamado a vivir en libertad, pero con respeto”.

Ángela Molina dice que hay movimientos muy interesantes con los jóvenes por autogestión, creación de colectivos, trabajo solidario, como lo que pasa un fin de semana en los barrios gracias a artistas, creativos culturales y líderes sociales.

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