Álvaro Ardila Otero, un especialista en salvar vidas

En 1990 se creó en el Hospital Universitario San Jorge de Pereira la primera Unidad de Cuidados Intensivos del Eje Cafetero gracias al empeño de Álvaro Ardila Otero, médico especialista en medicina crítica y cuidados intensivos, quien se ha convertido en una eminencia en este campo a nivel nacional. En ese entonces, según lo recuerda Ardila Otero, cuando se propuso traer el primer ventilador para la UCI muchos de sus colegas no solo lo tildaban de loco sino que se preguntaban: ¿y eso para qué sirve?. Esa primera UCI fue posible, además, gracias al comprimiso del entonces gobernador Diego Patiño Amariles y el Corpes de Occidente. Pero la labor de Ardila Otero no paró ahí: luego impulsó la creación de las UCI de las clínicas Risaralda, de los Seguros Sociales, Los Rosales y Comfamiliar. Además, convirtió al hospital San Jorge en un centro de entrenamiento por donde han pasado más de 300 médicos especialistas en ciudados intensivos, anestesia y cirugía y en el 2002 impulsó la creación de la especialización en Medicina Crítica de la Universidad Tecnológica. Precisamente hoy, en el marco de la conmemoración de los 55 años de creación del departamento, Álvaro Ardila Otero recibirá la Gran Cruz de Risaralda de manos del gobernador Víctor Manuel Tamayo, a quien le reconoce los esfuerzos por crear un hospital regional de alta complejidad.

Su vida

El médico Álvaro Ardila Otero es el único pereirano de los cinco hijos del matrimonio conformado por una pareja de santadereanos, estudió en el colegio La Salle, se graduó de médico en la Universidad Libre de Pereira, hizo su año rural en La Virginia y fue designado como el mejor Interno del Hospital San Jorge de Pereira en 1983, allí ganó un concurso para ser coordinador de urgencias del hospital, lo que terminó encausandolo en la especialidad de la medicina crítica. Estudió seis meses Medicina Interna y luego viajó a Bogotá a especializarse en Cuidados Intensivos en la Universidad Nacional, en el Hospital San Juan de Dios bajo la presencia directa de Alonso Duque, padre de los cuidados intensivos en Colombia, fundador de la primera UCI en Colombia en el hospital San Juan de Dios y quien fuera  Ministro de Salud.

¿Cómo se inició en la especialización en cuidados intensivos?

El doctor Duque me recibió en Bogotá como residente del programa  de Cuidados Intensivos, renuncié a hacer Medicina Interna y entré a los caminos inéditos del Cuidado Intensivo todavía incipiente en Colombia en esa época. El hospital San Jorge me concedió una licencia en el año 1988 para ir a estudiar y regresé en abril de 1990 cuando era gerente Álvaro Estrada Ospina. Fueron tres años muy difíciles, de mucho conocimiento y  con un profesor muy exigente pero supremamente sabio, un genio,  un verdadero científico, el doctor Herman Moreno Dávila, pereirano y quien murió en mayo del año pasado en New York donde era considerado el heredero del neurocirujano Rodolfo Llinás.

¿Cómo describiría una UCI?

Es un lugar aún desconocido por muchas personas, donde se da la posibilidad de sobrevivir al 78% de los pacientes que ingresan en cualquier momento y con cualquier enfermedad. La mortalidad en las UCI ha venido disminuyendo desde el 1970, en ese entonces era casi en un 40%. Ahora gracias a la tecnología y más que todo debido al entendimiento fisiopatológico del porqué la enfermedad funciona en disrrupción de los órganos vitales en el 22% de los casos esos pacientes no logran sobrevivir, pero el 78% ellos sí logran.  Nosotros tenemos que integrar, el cerebro, el corazón, el pulmón y la circulación para poder solucionar el problema más importante que es cómo mejorar el oxígeno que llega a cada órgano y cuando logramos mejorar la oxigenación de cada órgano, el paciente comienza su recuperación.

¿Y esto ha quedado demostrado en la actual pandemia?

El Covid era algo nuevo y fue exactamente igual, la mortalidad comenzó con un 50% y hoy ha venido disminuyendo a casi un 30%, eso es debido al conocimiento que tenemos cada vez más cerca del paciente. Eso se evidenció porque comenzó con mucho software y con mucha tecnología, pero el Intensivista se fue alejando del acercamiento con el enfermo. Tal vez el mayor logro que he tenido en mi vida profesional es que le he enseñado a dos generaciones de médicos por qué es importante acercarse al enfermo, buscar su mano, mirarlo, palparlo, examinarlo y junto con las variables que nos dan para poder llegar a una conclusión y a una medida terapéutica para quitárselo a la muerte y traerlo otra vez a la vida.

¿Risaralda está suficientemente bien dotado en UCI?

Tenemos muchas UCI y en su momento la pandemia nos obligó a abrir una cantidad de ventiladores y de camas sin el personal entrenado necesario y sin tener las habilidades suficientes, o sea, se hizo como en todo el mundo una estrategia de guerra. En el año 90 creamos la primera UCI del occidente colombiano, recuerde que en esa época no existía la Fundación Valle del Lili, apenas estaba comenzando y yo colaboré con la creación de la UCI de esa Fundación con la doctora Marcela Granados. A Pereira trajimos entonces cinco ventiladores, en la ciudad no había ninguno, ese día nos encumbró a nivel regional como una de las mejores UCI del país. En el Hospital San Jorge, la ventilación mecánica nació en junio de 1990, en el 5o piso teníamos  siete camas, luego 10 camas, ahora 40 camas.

¿Cómo recibe la distinción que le otorga hoy la Gobernación de Risaralda en estos 55 años?

Con mucha humildad, con mucha alegría de que se reconozca la labor de una serie de profesionales. Al principio fue muy difícil integrarlos alrededor de la causa del paciente grave, porque no había la cultura médica necesaria para entender lo que hacíamos, había un conocimiento muy pobre  sobre el manejo tecnológico de la ventilación mecánica, del monitoreo de la presión dentro del cráneo, incluso hubo colegas que se metieron a estudiar conmigo, como los cirujanos, Gustavo Cajiao, Jorge Osorio y Emir Téllez, neurocirujanos, neumólogos  y una serie de subespecialistas que fueron a colaborar para manejar el paciente integralmente. El cuidado intensivo lo que haces es mirar el enfermo grave, ya sea por un trauma, por una enfermedad del corazón, por una infección que es lo más común, por un problema pulmonar como lo estamos viendo con el Covid y poder organizar e integrar el funcionamiento del corazón, del pulmón y del cerebro, entenderlo y tomar una decisión terapéutica que facilite la llegada de ese paciente al otro lado de la vida. Así que recibo este reconocimiento como un agradecimiento a todos los que me colaboraron desde el año 90 al año 2000 y después del 2000 cuando comienzo a crear el primer postgrado para Médicos Generales en el país en Medicina Crítica y Cuidados Intensivos.

¿Además ha sido muy valioso su aporte en otros campos?

A través del Centro Control de Lesiones de Causa Externa elaboramos el estudio de la accidentalidad en Pereira para ingreso a Cuidado Intensivo del 1990 al 2000 y detectamos que la primera causa era el trauma craneoencefálico producido la mayoría de las veces por motos o ciclistas que no tenían casco. Fuimos los primeros en el país, gracias al apoyo del Gobernador Patiño Amariles y el congresista Rodrigo Rivera, en imponer el uso del casco obligatorio lo cual hizo tránsito en el Congreso de la República. Con esto Pereira se volvió pionera en prevención de accidentes en Colombia. Nos involucramos en la tarea de prevenir el accidente de tránsito mediante el uso del casco obligatorio, así como del cinturón de seguridad, a través del Centro de Control de Lesiones el cual estudia las causas de la mortalidad, de la accidentalidad y de la violencia inducida por el hombre y nos volvimos así una fuente de inspiración y de presencia a nivel internacional como investigadores de la accidentalidad y la violencia.

¿Fue muy importante el aporte a la humanización de la atención del paciente?

Lo más importante de todo eso fue la humanización de la atención del paciente. En el año 1995, después de que yo fui también paciente de Cuidado Intensivo por muchos días, salí con la convicción de que había que humanizar el trato del paciente.  Pereira fue pionera a nivel mundial y reconocida por la Sociedad Americana de Cuidado Intensivo en la humanización, la atención humana del paciente: cómo atender, cómo querer, cómo hablarle a ese paciente que no es un número sino una persona y cómo mirar al paciente y no mirar los controles y cómo abordar al paciente desde el punto de vista integral empezando por la parte humana, no el paciente de la cama #7, por ejemplo.

“Una UCI es un lugar aún desconocido por muchas personas, donde se da la posibilidad de sobrevivir al 78% de los pacientes que ingresan en cualquier momento y con cualquier enfermedad”

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